EM tenía miedo no de poder acudir a la despedida que le habían organizado sus compañeros en la sede central de su empresa. Días antes tuvo una aparatosa caída. No ha sido la primera, pero esta vez sí que se hizo daño en una pierna y eso ha limitado más su ya reducida movilidad. En esos días ha necesitado más ayuda de lo habitual, pero ella tenía puestos los ojos en ese día tan especial que la llenaban de sentimientos encontrados.
Estaba deseando volver a las oficinas a las que no había vuelto desde hace dos años; volver a cruzar aquellas puertas que la habían visto pasar durante tantos años y reencontrarse con todos sus compañeros. Y al mismo tiempo eso la llenaba de tristeza, ya que esa seguramente fuese la última vez que lo hiciera.
EM ha amado su trabajo y aún lo ama, pero se ha visto obligada por la enfermedad a pasar página para comenzar una nueva vida. Ha sido de esas personas afortunadas que disfrutaba con lo que hacía, se implicaba y lo daba todo para que las cosas salieran bien. Estuvo al pie del cañón hasta que no pudo más. Bueno fui yo quien le dijo que tenía que parar. Porque en aquellos momentos tan difíciles el trabajo era su refugio pero estaba claro que no era lo que mejor le convenía. La salud es lo primero. La física y la mental.
Han pasado casi dos años desde que cogió la baja. Y sabíamos que tal y como había evolucionado su enfermedad volver a trabajar iba a ser algo complicado por no decir imposible. Podríamos decir que esta entrada es la continuación del capítulo 32. Hace unas semanas por fin recibimos la resolución: El Instituto Nacional de la Seguridad Social ha resuelto como favorable el estado de incapacidad permanente.
Para EM por un lado fue como quitarse un peso de encima. Y por otro algo muy doloroso que la alejaba de algo muy importante en su vida. ¿Qué iba a hacer con su vida ahora? No es el momento de entrar en esos detalles, porque tras los consiguientes papeleos llegó el día de despedirse de sus compañeros de trabajo y de toda una vida dedicada a su empresa. Y como bien dice el título de esta entrada ha sido una emotiva despedida.
Durante toda la semana EM ya tenía los nervios a flor de piel y no solo por el reencuentro, si no por todo lo que conllevaba. El día anterior a la fiesta de despedida me pegó un buen susto porque se puso a llorar desconsoladamente. Cuando acudí para ver qué ocurría me señalaba el móvil sin poder articular palabra. Lo primero que pensé que algo grave había ocurrido. Pero no. Resulta que había recibido una preciosa tarjeta virtual llenita de unos preciosos mensajes escritos por todos sus compañeros de dentro y de fuera del país. Mensaje que leía, mensaje con el que se echaba a llorar.
Al día siguiente llegamos juntos hasta la sede. Ya sabéis, soy un marido que...la acompaña a todas partes. Algunos de sus compañeros salieron hasta la puerta principal a recibirla (bueno y para ayudarnos a salir del coche que EM iba tocada aún de la pierna y nos costaba un poco más).
Desde ese momento todo fue una montaña rusa de emociones. Compañeros y amigos, abrazos, besos, lágrimas de emoción y de sorpresa al ver que algunos venían de muy lejos para verla. Más lágrimas, más abrazos, risas y regalos. Y sí también había comida pero EM tenía el estómago tan cerrado de los nervios que no probó nada. Bueno sí, un pastelito al final que es muy de dulce.
La verdad que es muy difícil describir unos momentos tan intensos y emotivos para ella. Casi 25 años trabajando allí con gente tan maravillosa. Porque hasta yo pude sentir cómo la querían y lo que la iban a echar de menos. Se veía que EM había dejado huella a nivel personal y laboral.
Estas son palabras de EM para vosotros sus compañeros y amigos:
"Gracias por todo y por todos estos años juntos. Ha sido un placer compartir trabajo, momentos, viajes y sobre todo risas. Vosotros sois mi segunda familia. Siempre habéis estado a mi lado en los buenos momentos y especialmente en los malos. A todos, os mando un gran abrazo y mi eterna gratitud. No es un adiós es un hasta siempre".
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