Capítulo 36: Una boda de catastróficas desdichas
Nos hacía ilusión ir de boda. La última vez que estuvimos en una fue en la del hermano de EM y allí fue donde acabó sin tacones. Quién nos lo iba a decir. En esta ocasión los tacones ya estaban descartados y la silla de ruedas iban a ser los pies y las piernas de EM.
EM, Samurái (más conocido últimamente como Aquasam) y yo nos compramos ropa nueva, nos arreglamos, fuimos a la peluquería y estábamos listos para disfrutar de la boda del primo de EM. Hacía mucho que no se juntaba toda la familia. Los novios estuvieron en casa meses antes para traernos la invitación. Sabían perfectamente cómo estaba EM. Nos dijeron que no nos preocupásemos que el sitio estaba adaptado. Yo por si acaso escribí al complejo donde se celebraba la boda y pregunté. "Sí, no se preocupe. El recinto y los baños están perfectamente adaptados para acceder con silla de ruedas". Imagino que ya os estáis imaginando por dónde van los tiros...
La mañana de la boda comenzó ya con un pequeño percance. EM ya estaba vestida y preparada y se puso un collar que le regaló su madre. Mientras se perfumaba y terminaba de arreglarse yo me cambié y cuando volví a la habitación vi que el cuello se le había puesto como si la hubieran intentado estrangular ¡Tenía alergia al material del que estaba hecho el collar! Rápidamente se lo quitó y poco a poco le fue bajando la reacción.
Bajamos al coche y pusimos rumbo a la finca Monteviejo que era donde se celebraba la boda. Llegamos un poco tarde ya que a nosotros prepararnos y organizarnos nos lleva un buen rato por mucho que planeemos el tiempo. Y resulta que no habíamos terminado de aparcar y nos dicen los aparcacoches que había allí que nos estaban esperando y no había comenzado la ceremonia. ¡Será broma! No creo que fuésemos tan importantes como para retrasar la celebración. Pero eso a EM ya le puso algo nerviosa. Así que guiados por la encargada, rampa por aquí, curva por allá, nos llevó hasta la parte trasera del recinto.
La ceremonia se celebró en una especie de terraza semiabierta. Y sí que parecía que nos estuvieran esperando o fue casualidad, porque en cuanto llegamos comenzó la celebración. El caso es que de ahí, y tras la salida y enhorabuena a los novios, nos encaminamos al cóctel. Todo el mundo accedió por la entrada principal, donde había una rampa que curiosamente daba a un escalón. Una gran idea arquitectónica sí. Así que por ahí EM no podía entrar.
Nos dijeron que para subir al salón que estaba en la primera planta tendríamos que hacerlo por el montacargas de la cocina. Nos quedamos bastante sorprendidos, pero bueno... Así que nos pusieron una rampa de metal, de esas que se suelen usar en las obras o para descargar camiones, para acceder a la cocina. Cruzamos entre fogones, platos, cocineros y camareros hasta el montacargas. Esos que se usan para subir los carros de comida. Por supuesto no están diseñados para subir personas ni silla de ruedas, pero continuamos... Ah espera. Que hay más escaleras y nos han puesto otra rampa de las de las obras. Una muy poco estable y con una inclinación que casi la silla vuelca... Ya íbamos de los nervios perdidos. Pero por fin llegamos al salón. Y claro con los nervios del peligroso paseíto la vejiga de EM pedía atención.
"¿Dónde está el baño adaptado?" le pregunté a un camarero.
"Por esa puerta a la izquierda" me contestó.
Y allí por la puerta a la izquierda había otras escaleras que llevaban al baño. Sin comentarios. Esta vez preguntamos a la metre. "No. Aquí no hay baños adaptados. Hay que ir a otro edificio fuera". ¿¿EN SERIO??
Nos tocó hacer todo el camino de vuelta, rampas, montacargas, más rampas... y nos llevaron a un salón en otro edificio que estaba cerrado. Al entrar hacía un frío que te pelabas. EM ya casi no podía aguantar el pis después del largo paseo. Nos indican donde está el baño adaptado y nos encontramos con un baño normal y corriente con una barra en la pared. Punto. Ese el el baño adaptado.
Os podéis imaginar lo que nos costó entrar e intentar que EM pudiera acceder y sentarse en el dichoso váter. Y os podéis imaginar el resultado. Menos mal que llevábamos ropa de cambio. Fue todo muy humillante. Sobre todo para EM. Vas a disfrutar de una boda y no haces más que encontrarte problemas. Yo estaba que desbordaba ira. Así que viendo lo que nos esperaba ese día decidimos marcharnos. ¿Cómo íbamos a disfrutar de una boda en la que no se había tenido en cuenta la situación de EM? ¿Cómo puede decir un complejo que está adaptado para personas con movilidad reducida cuando no lo está?
Tengo que decir que los empleados de la finca fueron muy empáticos con nosotros e intentaron convencernos para que nos quedásemos. Pero las buenas intenciones no solucionan un problema de accesibilidad. Así que Samurái se quedó con mis suegros y mi cuñado. EM y yo nos montamos de nuevo en el coche y nos fuimos a casa.
Y os digo una cosa. Esto no nos volverá a ocurrir. Si algún día nos invitan a algo o queremos ir por nuestra cuenta a lo que sea pediremos fotos y la certeza de que EM puede disfrutar como cualquier otro. Por favor los hosteleros no mintáis y digáis que sois adaptados solo por conseguir una licencia. No sabéis el daño que hacéis. Y al resto, pensad un poco en los demás. Podéis celebrar vuestras bodas o lo que sea donde os de la gana. Con decirnos "Lo siento, el lugar donde vamos no está adaptado" es suficiente. Lo entendemos. Nosotros ya sabemos a qué atenernos y no nos llevamos un mal rato como el de este día.








