lunes, 12 de octubre de 2026

My Dress-Up Darling

octubre 12, 2026 0 Comments

  No es que entendamos mucho de anime, pero en casa hemos visto alguna que otra serie en la tele a lo largo de nuestras vidas (somos muy fanes de Ranma ½). En estos tiempos modernos en las plataformas hay tantas que no sabemos por dónde empezar cuando queremos ver algo del estilo. Y de casualidad empezamos a ver "My Dress-Up Darling". 


Sinopsis

La historia se centra en Wakana Gojo, un estudiante de secundaria solitario que sueña con convertirse en un maestro artesano de muñecas tradicionales hina. Su vida cambia por completo cuando Marin Kitagawa, la chica más popular y alegre de la clase, lo descubre usando la máquina de coser de la escuela. Al ver su talento con la aguja, Marin lo convence para que sea el diseñador oficial de sus trajes de cosplay, naciendo así una estrecha relación llena de comedia, romance y aprendizaje mutuo.

Sobre la serie


Sono Bisque Doll wa Koi wo Suru, traducción literal: «La muñeca disfrazada se enamora»), ti es una serie de manga  escrita e ilustrada por Shinichi Fukuda. La inspiración para el argumento provino de una conversación entre Fukuda y una cosplayer, cuando la autora escuchó que la pareja de esta le pidió abandonar esa afición. De esta manera, ideó una trama con un mensaje alentador para personas que estuvieran atravesando una situación parecida.

Desde el principio, se tuvo la intención de que el manga fuera entretenido para hombres y mujeres por igual. Una vez que se completó el concepto del personaje principal, el editor de Fukuda le recomendó entrevistar a algún artesano de muñecas Hina relativamente joven, porque esto ayudaría a incorporar más elementos al futuro protagonista. El elegido fue Keisho Suzuki, propietario de la tienda Suzuki Dolls, ubicada en Saitama y fundada por su abuelo. Fakuda entrevistó en varias ocasiones a Suzuki y se enfocó en los pequeños detalles que conlleva el oficio de hacer muñecas. También, la tienda del abuelo de Wakana está basada en Suzuki Dolls. Con respecto a la protagonista femenina, se la concibió como «un personaje de ensueño» para los lectores que quieren o quisieron tener de pareja a una cosplayer. Con el fin de reforzar la relación principal, Fukuda modificó la personalidad inicial de Wakana y lo convirtió en un huérfano sin amigos, para que acudiera a Marin cada vez que tuviera problemas.

El manga se publicó por primera vez el 19 de enero de 2018 por la editorial japonesa Square Enix, y se vende quincenalmente. Con la publicación del último capítulo, la serie concluyó oficialmente el 21 de marzo de 2025. En total se produjeron 15 volúmenes.

Al principio los primeros capítulos de la serie nos descolocaron un poco, porque la calificación de edad +7 (que luego Netflix cambió a +16) no era nada indicada para niños por la gran carga erótica y sexual de la serie. Sin embargo, según avanzan los capítulos ese rollo sexual queda en segundo plano dando paso a una comedia romántica alocada y graciosísima.


sábado, 3 de octubre de 2026

45: Diez pinchazos

octubre 03, 2026 0 Comments

 Y tras el disgusto de la cita sin cita a los pocos días llamaron a EM para acudiéramos al hospital. Volando que fuimos. Mira que a EM le gustan poco las agujas, pero me sorprendió como aguantó los diez pinchazos que le dieron en distintos músculos de las piernas. Y no solo que la pincharan si no que el médico "hurgaba" con la larga aguja para encontrar el mejor punto para pinchar. ¿Cómo lo sabia? Por el sonido básicamente. La aguja llevaba un electrodo conectado a un aparato. Para pincharla estaba utilizando la electromiografía. 


Pero vamos que EM aguantó como una jabata. Lo que son las cosas "Estaba deseando que me pincharan". Quién me iba a decir a mi que algún día iban a salir esas palabras de su boca.

A pesar de todo el procedimiento no fue muy largo. Se notaba que el doctor sabía lo que hacía. Nos comentó que el efecto era como una curva o campana de Gauss. Así que en tres meses, en teoría (que cada persona es un mundo), es cuando los efectos serían más visibles y se encontraría mejor. EM deberá tomar nota como evoluciona las espasticidad en este tiempo y cómo le afecta a las piernas. Para que de esta forma, cuando volvamos a consulta en seis meses, vea más claramente cuales son los músculos a los que hay que atacar. Así que... iremos informando.


Esperamos que poco a poco las cosas vayan mejor y pueda ir recuperando todo aquello que la espasticidad le ha quitado en estos largos meses.

sábado, 26 de septiembre de 2026

Capítulo 7: Ya vienen

septiembre 26, 2026 0 Comments
    Emma intentaba abrir los ojos a toda costa, pero las pestañas debían haberse convertido en piedra porque por más que forzaba los párpados no conseguía despegarlos. Y ya no vamos a mencionar el resto de su cuerpo… Algo no iba bien. Eso estaba claro. No oía nada salvo su pesada respiración. Olía a polvo y a humedad. ¿Dónde narices estaba? Tenía que despertar y saber qué había pasado. Porque lo único que recordaba era que Peluso la mordió y luego todo fue oscuridad. La misma a la que regresó después de unos pocos segundos.

    Quizá fueron solo unos minutos, o quizá horas. Pero al intentar volver a abrir los ojos las pestañas no le pesaron tanto. No sin esfuerzo consiguió medio abrir el ojo izquierdo. Y se encontró que allí había muy poca luz. Donde fuera ese “allí”, porque no tenía ni idea de dónde se encontraba. Le dolía la cabeza. Le dolía la mano. «Ah sí. El puñetero ratón me mordió... ¡Joder! ¡Me mordió!»

    Mientras movía levemente la cabeza de una lado a otro, intentando abrirse paso entre las tinieblas se preguntó por qué Peluso había hecho eso. Seguro que había una razón. Alguna más allá de que tuviera la rabia o algo así. Por fin consiguió despegar los párpados y una imagen borrosa comenzó a tomar forma una vez despegó ambos párpados. Era él. Estaba justo encima de ella. Tenía la cabeza enorme. ¿Cómo podía tenerla tan grande? En ese momento fue consciente de que estaba tirada en el suelo y el ratón la miraba desde arriba.

    —Ya estás despierta.

    —Eso parece. Me duele mucho la cabeza —farfulló mientras se la sujetaba con ambas manos y cerraba nuevamente los ojos. Sabía que corría el riesgo de no poder volver a abrirlos, pero el martilleo en su cabeza era tremendo.

    —He visto cosas —dijo Peluso como si la conversación que mantuvieron antes de que la mordiera no hubiese terminado y el dolor de cabeza de Emma no fuese importante.

    —Eso fue lo que me dijiste antes de morderme. ¿Por qué lo hiciste? —dijo extrañamente calmada frotándose las sienes con las yemas de los dedos. Respiró profundamente aún sin abrir los ojos. Todo aquello tenía que tener algún sentido; aunque oliera a polvo, el aire estuviera viciado y se le estuviera clavando algo en la espalda. Estaba tirada en el suelo. Mierda. Se había caído de la silla ¿Cómo se iba a levantar ahora?

    —Lo que he visto ha sido el futuro. Y otras cosas… —La voz de Peluso sonó temerosa.

    —¿El futuro? ¿Te estás riendo de mí? —Se acabó la calma. Emma abrió los ojos de golpe, se apoyó en los codos y se incorporó sobre ellos—. ¡Oh mi cabeza! Qué dolor... —se contrajo con una mueca mientras una descarga le atravesaba el cráneo haciéndola ver estrellitas brillantes por todas partes.

    —Puede ser normal. El cambio ha sido muy rápido y en cierto modo es algo traumático. Algo parecido a las metamorfosis de algunos insectos. Aunque sigues siendo la misma —afirmó Peluso sin saber realmente cómo era capaz de hacer esa afirmación. Esa era una de las cosas que sabía sin saber por qué.

    —¿El cambio? — Esa palabra no le gustó. ¿Qué era lo que había cambiado? El rostro del ratón se abrió paso entre el chisporroteo se iba disipando. Era gigantesco. Enorme. Tan grande como ella.

    —¡Te has hecho gigante! —le dijo sorprendida. Peluso negó la cabeza como respuesta. Emma miró a su alrededor. Se encontraban en una pequeña sala llena de cascotes. Las paredes eran de ladrillo. Unos ladrillos enormes. El ratón era tan grande como ella o es que ella…

    —Has encogido. —Peluso parecía haber cogido el hilo de sus pensamientos—. Te hiciste pequeñita cuando te mordí. No sabía que iba a ocurrir eso. O bueno, quizá sí… Te he traído a mi madriguera. De momento estaremos a salvo aquí. Pero no nos podemos quedar mucho tiempo. Nos encontrarán si no nos vamos.

    —¿Pero de qué estás hablando? Esto no tiene sentido. No puede ser. —Miró a su alrededor—. Necesito mi silla… quiero volver a casa.

    De repente Emma guardó silencio. Se miró a sí misma boquiabierta. Estaba sentada en el suelo con las piernas recogidas. ¿Desde cuándo se podía incorporar ella sola y mantener el equilibrio? «Tengo que estar soñando».

Peluso le ofreció su pata, que ahora era como su mano de grande, con la intención de ayudarla a ponerse de pie.

—Sabes que no puedo —dijo con lágrimas en los ojos viendo lo que pretendía.

—Te aseguro que sí puedes.

    Emma negó con la cabeza. Seguro que tenía fiebre por la mordedura y deliraba. Pero esperanzada cogió la “mano” que le ofrecía el ratón y comprobó que su tacto era muy real: suave, firme y un poco fría. Peluso tiró de ella y con su ayuda se puso en pie.

    ¡No podía creérselo, no solo su tamaño se había reducido al de un ratón sino que también con el cambio se había curado! Sus ojos ahora sí que estaban abiertos como platos y completamente alerta. El dolor de cabeza estaba ahí, pero ya no era importante. Ahora solo quería dar un paso y luego otro. Miró a Peluso y sonrió. Y le pareció que él también lo hacía. Ya se imaginaba volviendo a casa para entrar por la puerta andando y sorprender a su hijo y a su marido. Todo volvería a ser como antes, aunque fuese así de pequeñita.
    Se soltó de la mano-pata de Peluso. Levantó un pie del suelo y lo adelantó para dar su primer paso. Y lo que hizo fue caer de bruces contra el suelo. Las piernas le fallaron como siempre lo habían hecho desde que le diagnosticaron la enfermedad.

    —Ah, pues no... No puedes andar. No sé, pensé que sí podrías. Lo siento —se disculpó el ratón mientras perdía parte de su pelaje por los temblores que le entraron.

    Sí. Seguía siendo el mismo ratón nervisos e inseguro. Solo que ahora había cosas que sabía sin saber por qué y también había cosas no entendía en absoluto de sus visiones. Quizá se había venido arriba con ese nuevo “poder” y creyó que además de hacerse pequeñita podría andar.

    Emma lloraba en el suelo. La esperanza se había desvanecido de la misma manera que llegó. A su alrededor flotaba el suave pelaje de ratón. Peluso se había agachado para consolarla. Pero se detuvo al comprobar que el sollozo se transformaba en carcajada.

    —No es un sueño —reía histérica—. ¡Es una pesadilla! ¿Quién eres? ¿Jesucristo Super Ratón? ¿“Levántate y anda”?

    —Lo siento. —Peluso estaba realmente afectado. Ya casi había perdido todo su pelaje—. Ahora iré a buscar tu silla. También se ha encogido. Ahora entiendo por qué. Pero es que tardó más. La dejé fuera pensando que no la necesitarías.

    —¡Tú pensaste! Tú pensante… Eres un mierda —dijo Emma volviendo a incorporarse en el suelo. Aunque esta vez con mayor dificultad—. ¿Por qué me haces esto?

    El ratón se encogió de hombros.

    —No lo sé. Veo cosas. Y sé que tenemos que huir. No solo me buscan a mí.

    —Quiero irme a casa. Quiero despertar.

    —Ni tú ni yo podemos volver a casa. Por lo menos ahora.

    Peluso fue hasta un rincón se su madriguera. Rebuscó entre un montón de cachivaches y cogió algo entre sus dedos. Al acercarse a la pared de ladrillo que había frente a Emma ella pudo ver lo que era. Una tiza. El ratón pintó un arco en ella y un punto dentro del arco, hacia la derecha. Era como si hubiese pintado una infantil puerta del ratoncito Pérez. Solo que al escribir unas extrañas letras a su alrededor la puerta emitió un resplandor azul y se volvió muy real. Peluso la abrió como si tal cosa.

    —Nos tenemos que ir.

    Emma miraba al otro lado de la puerta. Aquel escenario que veía era imposible que estuviera al otro lado de la pared de su casa. Pero en cierto modo en aquel momento ya nada podía sorprenderla.

    —¿Y mi silla?

    —Ostras es verdad —dijo Peluso mientras cerraba la puerta de nuevo—. No te muevas. Ahora vengo.

    —No te preocupes. No voy a ir muy lejos a rastras.

jueves, 24 de septiembre de 2026

44: Sin cita pero con cita

septiembre 24, 2026 0 Comments

 Ayer fuimos al hospital todo convencidos de que teníamos nuestra cita para que le pincharan a EM la toxina botulínica. Sí, esa de la que llevamos hablando desde hace muchos meses y estamos esperando como agua de mayo porque la medicación que le están dando no le funciona y la espasticidad cada día va a peor.


El caso es que llegamos al hospital a nuestra cita y nos dicen que no estamos citados. ¿Ein? ¿Cómo? ¿Qué mierda no están contando? Pues eso, la cita a la que acudíamos parecía ser una consulta general. Sinceramente pensamos que ha sido un error humano. Y nuestro especialista se le vio el plumero. Se había equivocado al solicitar la cita para la toxina. Así que empezaron las excusitas, que si esto, que si lo otro, que si mucho retraso... Es frustrante. Sí que hay demora con las citas en general, pero en nuestro hospital siempre han sido eficientes y correctos. Y más con los tratamientos para la esclerosis múltiple.

Así que una vez más nos toca seguir esperando. Pero esta vez perseguiremos y presionaremos al servicio de neurología de nuestro hospital para que se la den cuanto antes. EM no puede seguir así. Está agotada física y emocionalmente.


Y como el famoso Sirdalud se ha dejado de comercializar por los laboratorios y tampoco hay genéricos disponibles de su principio activo (tizadinina) pues le han vuelto a cambiar a EM la medicación. Ahora diazepam. Nos vamos yendo a lo más genérico...

domingo, 20 de septiembre de 2026

Capítulo 6: ¿Dónde estás mamá?

septiembre 20, 2026 0 Comments
Cuando Samurái y su padre llegaron a casa se asustaron. Emma no estaba. Ella no podía haber salido sola, así que alguien tenía que haber venido a buscarla. Mientras Samurái recorría la casa esperando encontrar a su madre escondida en algún sitio o peor aún, tirada en el suelo del baño con un golpe en la cabeza (su madre tenía un verdadero trauma con eso de caerse en el baño, que ya le pasó una vez) oyó la melodía de su teléfono en el salón. Su padre la estaba llamando. Se había ido sin el móvil. Eso era muy raro. Algo gordo tenía que haber pasado.

Samurái guardaba silencio mientras miraba a su padre casi sin pestañear esperando que encontrara a mamá cuanto antes. Sin embargo no recordaba haber visto a su padre nunca tan preocupado. Llamaba a unos y a otros para ver si su madre estaba con ellos. Y cada vez se ponía más nervioso al no dar con ella. Incluso apretó el botón de teleasistencia por si lo había usado y se la habían llevado al hospital. Nada. Nadie sabía nada de ella. Lo siguiente fue llamar a la policía. A partir de ese momento todo pasó muy rápido. Aparecieron por casa vecinos, los tíos, amigos de sus padres… Todos estaban muy intranquilos. Es más se veía que tenían miedo. Y Samurái también lo tenía. Su madre no podía haberse ido sola. ¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado?
La policía no tardó en llegar. Ni su padre ni nadie parecieron darse cuenta. Pero Samurái sí que se fijó. Era muy observador. No eran agentes normales con uniformes reconocibles de la policía local o nacional. Eran un hombre y una mujer. Llevaban trajes oscuros. Como en las películas. Le habían mostrado a su padre sus placas. Pero Samurái estaba seguro de que le podían haber mostrado el carnet de la biblioteca y habría asentido con la cabeza de la misma manera. Él sí que escuchó lo que dijeron. Eran agentes del R25. ¿Qué era eso? ¿Los que buscaban a personas desaparecidas? No tenía ni idea. Solo sabía que no le gustaba su aspecto y la forma de mirar que tenían a unos y a otros. A él parecían no verle. Es lo que tiene ser un niño entre adultos. Así que mientras hablaban con su padre se fue a su habitación.

Necesitaba estar solo. Estar lejos de toda aquella tensión que se había creado en su hogar. Se sentó en el suelo. La cama era demasiado cómoda para una situación así. No entendía nada. ¿Qué le había pasado a su madre? ¿Por qué se interesaban unos agentes secretos? Porque eso es lo que parecían. Sabía que era una locura. Que su imaginación siempre estaba a tope, pero ¿Qué otra cosa podía ser?

Miró a su alrededor. Su cuarto nunca había sido el más ordenado. Siempre había cosas por aquí y por allá tiradas. Pero algo le llamó la atención a los pies de la mesilla de noche. Justo debajo. Era una diminuta silla de ruedas idéntica a la de su madre. ¿De dónde había salido aquel juguete?

viernes, 11 de septiembre de 2026

El buzón de Santa

septiembre 11, 2026 0 Comments
Realmente no es que sean cosas de Samurái, pero lo parecen. Estas fotos son reales. Las he hecho esta semana en un polígono de mi ciudad. Se me pasan varias cosas por la cabeza.

  1. Han robado el buzón de las Navidades Mágicas de Torrejón de Ardoz (que son la más famosas de España) y lo han dejado ahí para hacer la gracia.
  2. Santa Claus (o Papá Noel como quieras llamarlo) en verano vive en una nave del polígono de mi cuidad porque el Polo Norte está en deshielo por el cambio climático y allí tiene que hacer obras por las goteras.
  3. Puede que se haya trasladado definitivamente a vivir al polígono porque logísticamente le es más rentable.
  4. Mamá Noel le ha echado de casa. Sus razones tendrá.
  5. Ser poligonero mola.



martes, 8 de septiembre de 2026

Menstruación en la esclerosis múltiple

septiembre 08, 2026 0 Comments
Se necesita mayor investigación para entender plenamente la relación entre la esclerosis múltiple y el ciclo menstrual, pero varios estudios confirman lo que muchas personas con la enfermedad ya saben: los síntomas suelen empeorar durante la menstruación.

En el caso de EM está muy claro. Días antes del inicio de la menstruación la fatiga y la espasticidad se disparan. Y si con la espasticidad ya lo estaba pasando mal, estos días están siendo de lo peor. Estos días sigue haciendo mucho calor, así que si le añadimos el aumento de su temperatura corporal, que es más que evidente, apaga y vámonos. Bueno, voy a dejar la parte que le toca a EM para contarlo en nuestro siguiente capítulo de nuestra historia.

Todavía no está claro cómo la menstruación hace que los síntomas de esclerosis múltiple se intensifiquen, pero probablemente exista una relación con las hormonas sexuales. La neuróloga María Houtchens, especialista en esclerosis múltiple, ha comparado la relación de las hormonas en la menstruación con la de las hormonas en el embarazo. Durante este, el incremento de estrógeno está vinculado a la mejoría de los síntomas de la esclerosis múltiple, mientras que una disminución de estrógeno durante el periodo posterior al parto está vinculada al empeoramiento de los síntomas y mayor riesgo de recaída. En ambos casos, la baja de estrógeno es lo que produce exacerbaciones.

 Se conoce la función del estrógeno y la progesterona en la reproducción, pero también afectan el sistema cardiovascular, nervioso y muscular, señaló la doctora Kristin Johnson, cuyo trabajo está financiado por la Beca Posdoctoral de Especialización en Rehabilitación con Mentor de la Sociedad Nacional de Esclerosis Múltiple.

 En su estudio en curso, el equipo de Johnson explora los cambios en el cerebro y la movilidad durante el ciclo menstrual. Observa los cambios en la comunicación dentro de la región cerebral que controla el movimiento (corteza motora). Además, evalúa la fatiga muscular, el desempeño al caminar y el equilibrio en mujeres con esclerosis múltiple durante las diferentes fases del ciclo menstrual para determinar si estos indicadores de movilidad cambian. “A corto plazo, esta información puede ayudar a explicar los informes subjetivos de mujeres con esclerosis múltiple y validar su experiencia con la debilidad muscular y menor capacidad de hacer ejercicios durante el ciclo menstrual”, afirmó Johnson. “A largo plazo, nos ayudará a determinar si es necesario modificar las estrategias de tratamiento para maximizar la atención de salud de las mujeres con esclerosis múltiple”.

 Otro factor que contribuye a los problemas durante la menstruación podría estar vinculado con el ligero incremento en la temperatura corporal durante el periodo, según indica la investigación de Houtchens. Incluso un aumento mínimo puede hacer que los síntomas de esclerosis múltiple empeoren.

 ¿Tratamiento? Pues para el tratamiento no se han roto mucho la cabeza. Anticonceptivos para mantener el mismo nivel hormonal y eliminar la disminución de estrógeno. Analgésicos, los habituales para el tratamiento de la esclerosis múltiple y cambiar estilo de vida (alimentación, ejercicio...) y ya.