38: Una emotiva despedida
EM tenía miedo no de poder acudir a la despedida que le habían organizado sus compañeros en la sede central de su empresa. Días antes tuvo una aparatosa caída. No ha sido la primera, pero esta vez sí que se hizo daño en una pierna y eso ha limitado más su ya reducida movilidad. En esos días ha necesitado más ayuda de lo habitual, pero ella tenía puestos los ojos en ese día tan especial que la llenaban de sentimientos encontrados.
Estaba deseando volver a las oficinas a las que no había vuelto desde hace dos años; volver a cruzar aquellas puertas que la habían visto pasar durante tantos años y reencontrarse con todos sus compañeros. Y al mismo tiempo eso la llenaba de tristeza, ya que esa seguramente fuese la última vez que lo hiciera.
EM ha amado su trabajo y aún lo ama, pero se ha visto obligada por la enfermedad a pasar página para comenzar una nueva vida. Ha sido de esas personas afortunadas que disfrutaba con lo que hacía, se implicaba y lo daba todo para que las cosas salieran bien. Estuvo al pie del cañón hasta que no pudo más. Bueno fui yo quien le dijo que tenía que parar. Porque en aquellos momentos tan difíciles el trabajo era su refugio pero estaba claro que no era lo que mejor le convenía. La salud es lo primero. La física y la mental.
Han pasado casi dos años desde que cogió la baja. Y sabíamos que tal y como había evolucionado su enfermedad volver a trabajar iba a ser algo complicado por no decir imposible. Podríamos decir que esta entrada es la continuación del capítulo 32. Hace unas semanas por fin recibimos la resolución: El Instituto Nacional de la Seguridad Social ha resuelto como favorable el estado de incapacidad permanente.











