lunes, 8 de junio de 2026

Mark Rober: CrunchLabs

junio 08, 2026 0 Comments

En esta ocasión fue Samurái quien nos trajo esta serie: CrunchLabs, un espacio científico donde Mark Rober, exingeniero de la NASA y ahora youtuber y divulgador, aborda desafíos que llevan la creatividad al límite. La verdad es que nos ha sorprendido gratamente con cada capítulo. Introduce conceptos complejos de física, ingeniería y química de forma tan divertida que los niños aprenden sin sentir que están estudiando.

Mark Rober muestra abiertamente sus fracasos y el proceso de prueba y error. Esto ayuda a los niños a desarrollar resiliencia y a comprender que no entender algo a la primera es parte del aprendizaje.

Nos llena de orgullo que Samurái se vea atraído por este tipo de programas y que le guste compartirlo con nosotros. Nos hace pensar que no lo estamos haciendo tan mal a nivel educativo. Es ideal para ver en familia.

Sinopsis


CrunchLabs sirve como escenario físico para los populares videos de Mark Rober en YouTube y su serie de Netflix, Mark Rober: CrunchLabs. Dentro del laboratorio, Rober y su equipo de diseñadores de productos construyen de todo, desde pistas de obstáculos imposibles y deportes robóticos hasta dispositivos para bromas como sus famosas Glitterbombs. La serie (que ya cuenta con 4 temporadas para 2026) presenta experimentos extremos y desafíos de ingeniería, reutilizando y expandiendo contenido popular de su canal de YouTube.  

Sobre Mark Rober

Es un YouTuber, ingeniero e inventor estadounidense.Es conocido por sus videos de YouTube sobre ciencia popular, artilugios de bricolaje e ideas creativas. Varios de sus videos se han vuelto virales, incluido uno en el que hizo un disfraz de Halloween digital y otro donde se construyó una trampa para ladrones de paquetes que libera una fuente de brillo ultrafino. Antes de YouTube, Rober fue ingeniero de la NASA, donde pasó siete años trabajando en el rover Curiosity, que ahora se encuentra en Marte, en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.

CrunchLabs es la empresa de tecnología educativa fundada en 2022 por Mark Rober. Su misión es inspirar a niños y adultos a "pensar como ingenieros" a través de experiencias de aprendizaje STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) prácticas y entretenidas.

Cada verano, también organizan "Camp CrunchLabs", un campamento de verano virtual con temática espacial que incluye nuevos kits de construcción y superdesafíos.

viernes, 5 de junio de 2026

Samurái y la música

junio 05, 2026 0 Comments
A Samurái desde pequeñito le han atraído las películas sobre música (que no los musicales). Con 5 añitos vimos con él Begin Again y finalizando la película nos dijo:

Pero no ha sido la primera ni la única vez que nos ha sorprendido con algún comentario o gesto al respecto. Ese mismo año después del verano EM y yo estábamos terminando de ver la película Bohemian Rhapsody. Samurái andaba zascandileando arriba y abajo hasta que se sentó entre nosotros. Extrañamente, para lo que era él a esas edad, se quedó en completo silencio muy atento a la película y a la música. En los últimos minutos, ya tumbado sobre mi y con los pies encima de su madre, se incorpora y me pregunta:


 —¿Papá, tú tienes los ojos húmedos? 

—Yo no hijo. 

—¿Y tú mamá?

 —Yo tampoco ¿por?

 Samurái en ese momento se queda pensativo y guarda silencio. 

—¿Tú sí los tienes húmedos? —le pregunto. 

—Sí. 

—¿Por la película? ¿Te han emocionado las canciones? 

—Sí. 

—Es que es una película muy bonita —dice EM. 

—Y Queen hacía unas canciones geniales —apunto yo. 

—Oye papá ¿Tú tenias una guitarra? 

—Sí.

 —¿Me la enseñas? 


Cogió mi vieja guitarra y se sentó a aporrearla. Ese año pensamos que podría interesarle aprender a tocar. Y en navidades los Reyes le trajeron una guitalele (Es como un ukelele pero con seis cuerdas). El instrumento más parecido a una guitarra y con el tamaño adecuado para empezar a tocar siendo tan pequeño. 


Ahora Samurái tiene 12 años. No toca la guitarra. No se interesó mucho en aprender. Ahí están mi guitarra y su guitalele en sus fundas guardadas. Pero Samurái siempre está escuchando música. A todas horas. Y tengo que decir que, en general, tiene muy buen gusto musical.

martes, 2 de junio de 2026

Capítulo 2: Una curiosa familia

junio 02, 2026 0 Comments
Antes de partir, su madre le había dicho que siempre tenía que ser silencioso como la luna y vigilante como el sol. Pero él no era tan poético. Se veía más como Basil, el Sherlock Holmes del mundo de los ratones. Aunque claro eso fue antes de lo del laboratorio… En cualquier caso había sido muy discreto desde su llegada. En los primeros días había hecho incursiones por la casa en plan explorador. Su principal objetivo era la cocina. Tenía la mala costumbre de comer para vivir. Pensó que sería fácil llegar y abastecerse mientras tuviera la precaución de hacerlo cuando no hubiera nadie en la vivienda. Sin embargo eso había sido algo un poco complicado.

Allí vivían tres humanos. Un niño de unos doce años, que era el que dormía en la habitación donde había hecho el agujero en la pared, y sus padres. El niño y el padre iban y venían. Que si al cole, a la piscina, a comprar… Pero la madre salía poco. Es más, necesitaba ayuda para moverse y hacer la cosas. Peluso había visto más de una vez cómo su marido la llevaba de un sitio a otro de la casa en una pequeña y estrecha silla de ruedas. Y para sentarse en el sofá o en el baño usaba un andador para sujetarse y cambiar de asiento. Le costaba bastante hacerlo y siempre necesitaba ayuda.

Peluso sentían curiosidad por aquella mujer. No sabía qué le pasaba exactamente. Y él era muy curioso. Quería saberlo. Se fijó en que tenía días mejores y peores. Y cuando eran buenos o medio buenos salía a la calle. Y en esas ocasiones lo hacía en una silla de ruedas eléctrica más grande. Sin embargo se veía que no salía tanto como le gustaría. A veces les oía hablar a ella y a su marido y aunque hubiesen planeado algo, no podían salir porque de repente no se encontraba bien. Esos eran los peores días. Cuando se veía tan limitada. Es como si llegara un nubarrón para cubrirlo todo. Peluso llegó a preguntarse si habrían experimentado con ella en un laboratorio como habían hecho con él. Cualquier cosa podía ser posible en aquel mundo.

Le llamaba mucho la atención el ver que podía mover las piernas, pero a veces no le respondían o no tenía fuerzas en ellas. Incluso a veces le hacían cosas raras como ponerse tiesas como un palo o encogerse involuntariamente como las patas de un pajarillo. La mujer se pasaba la mayor parte del tiempo tumbada en la cama o en un sillón reclinable en el salón. Allí veía la tele y tejía con el ganchillo. Eso le hizo mucha gracia. Él iba soltando pelusa y los humanos pensaban que era cosa de las lanas.

—Madre mía, si acabo de pasar el aspirador y aquí ya hay pelusas otra vez —se quejaba el marido sin entender nada.

Peluso sabía que debía evitar cualquier contacto con los humanos. Pero… no todos iban a ser malas personas como las del laboratorio. En la granja los humanos eran buenos con los animales. Sin embargo allí no tuvo necesidad de acercarse a ellos. Tenía su propia familia y amigos con los que hablar. Pero en aquella casa no había más ratón que él. En la granja tenía a sus padres y a sus hermanos, que eran muchos. Incluso a veces llegaban ratones de otros lugares como su tío Mateo, que era quien le había metido el gusanillo de viajar por el mundo. Y no solo podía hablar, jugar y hacer cosas con sus congéneres. También podían hablar con otros animales como las vacas, que a diferencia de lo que creían muchos, no tenían un pelo de bobas.

Lamentablemente, él ya no era el mismo. Ahora era un ratón tembloroso, asustadizo y regeneraba pelaje a una velocidad increíble. Pero la necesidad de tener a alguien de su lado era más fuerte. Sinceramente se veía atraído por la curiosa mujer, aunque sabía que lo más lógico sería hablar con el niño. Los niños no se sorprenden ni se asustan con los ratones parlantes. Aún seguían siendo inocentes y no tenían prejuicios. Además había muchas películas y dibujos sobre eso ¿no? Ratones y niños que eran amigos ¿qué podía salir mal?

Aquella tarde el niño había regresado pronto del colegio. Estaba sentado en el sofá del estudio de su padre merendando y tenía abierto el libro de sociales sobre sus piernas. Sus padres estaban en el salón conversando. Era curioso. Se pasaban el día juntos y siempre tenían cosas de las que hablar. ¿Qué mejor momento que ese para presentarse? Con cautela se subió al reposabrazos del asiento. Le latía el corazón a mil por hora. Había observado a aquel niño mucho tiempo. Sabía que era bueno, muy casero y guardaba toda aquella inocencia que tanto le gustaba.

Si el niño girase la cabeza en ese mismo instante le vería. Pero estaba enfrascado en el libro y la galleta que tenía entre manos. Peluso se fijó en que estaba manchando las páginas de chocolate. Sí. Era el momento de dar la cara.

—Hola —saludó tímidamente.


continuará...