Aunque normalmente es una molestia pasajera relacionada con la digestión, el hipo persistente puede estar vinculado, en casos poco frecuentes, a lesiones del sistema nervioso. En las personas con esclerosis múltiple, su aparición merece atención cuando se prolonga, se repite sin causa aparente o se acompaña de otros síntomas neurológicos.
El hipo es uno de esos fenómenos cotidianos a los que apenas prestamos atención. Aparece de repente, interrumpe una conversación, una comida o incluso el sueño, y suele desaparecer tan espontáneamente como llegó. Sin embargo, detrás de este reflejo aparentemente inofensivo existe un complejo mecanismo neurológico que, en determinadas circunstancias, puede verse alterado por enfermedades que afectan al sistema nervioso central.
Una de ellas es la esclerosis múltiple (EM), una enfermedad inflamatoria en la que el sistema inmunitario daña la mielina, la capa que protege las fibras nerviosas y facilita la transmisión de los impulsos eléctricos. Aunque el hipo no constituye uno de los síntomas más habituales de la enfermedad, la literatura médica ha documentado casos en los que ambos fenómenos están relacionados.
¿Por qué tenemos hipo?
El hipo, conocido médicamente como singulto, consiste en una contracción involuntaria y repentina del diafragma y, en ocasiones, de otros músculos respiratorios. Inmediatamente después, la glotis se cierra de forma brusca y produce el característico sonido.
Este reflejo depende de una red de estructuras nerviosas que incluye vías relacionadas con los nervios frénico y vago, conexiones del sistema nervioso central y regiones del tronco encefálico. El diafragma, situado debajo de los pulmones, desempeña un papel fundamental en la respiración, pero su actividad también está sometida a mecanismos de control reflejo.
En la mayoría de las personas, el hipo aparece después de comer demasiado, ingerir bebidas gaseosas, consumir alcohol, comer deprisa o experimentar cambios bruscos de temperatura. En estos casos, suele desaparecer en pocos minutos y no representa un problema de salud importante.
La situación cambia cuando las contracciones se mantienen durante horas o días sin una explicación evidente. Entonces es necesario considerar otras posibles causas, entre ellas determinados trastornos digestivos, alteraciones metabólicas, efectos de medicamentos y, en circunstancias menos frecuentes, enfermedades neurológicas.
¿Qué relación existe entre el hipo y la esclerosis múltiple?
La relación entre ambos se explica por la capacidad de la esclerosis múltiple para afectar distintas zonas del sistema nervioso central. Cuando una lesión desmielinizante interfiere en las vías nerviosas que participan en el reflejo del hipo, puede alterar su regulación y provocar episodios persistentes o difíciles de controlar.
Una región especialmente importante es el bulbo raquídeo, situado en la parte inferior del tronco encefálico. Esta estructura participa en funciones esenciales para la vida, como la respiración, y contiene circuitos nerviosos implicados en distintos reflejos automáticos.
Si una lesión inflamatoria afecta a estas redes, el reflejo del hipo puede activarse de manera anómala. En algunos casos publicados, las resonancias magnéticas han identificado lesiones en el tronco encefálico en pacientes con esclerosis múltiple que presentaban hipo intratable.
Un artículo publicado en la revista Neurology en 2006 describió varios pacientes que presentaron hipo persistente junto con otros fenómenos neurológicos en fases tempranas de la enfermedad. También existen publicaciones anteriores que documentan casos en los que el hipo apareció como manifestación inicial o coincidió con un empeoramiento clínico.
No obstante, es importante matizar esta relación: tener hipo no significa tener esclerosis múltiple, y padecer esclerosis múltiple no implica que cualquier episodio de hipo esté causado por la enfermedad. Se trata de una asociación poco frecuente que debe interpretarse teniendo en cuenta el contexto clínico de cada persona.
¿Cuándo deja de ser un hipo normal?
La duración es uno de los factores que ayudan a distinguir un episodio habitual de otro que necesita valoración médica.
- Hipo transitorio: dura unos minutos y suele desaparecer espontáneamente.
- Hipo persistente: continúa durante más de 48 horas.
- Hipo intratable: se prolonga durante más de un mes.
Estos términos describen la duración del síntoma, no su causa. Un hipo persistente puede deberse a numerosos problemas diferentes y no necesariamente a una enfermedad neurológica.
En una persona con esclerosis múltiple, conviene prestar especial atención si el hipo aparece sin un desencadenante claro, se mantiene durante muchas horas, interfiere con el descanso o dificulta la alimentación. También es importante comunicar al neurólogo si coincide con síntomas nuevos, como alteraciones del equilibrio, visión doble, problemas para tragar, debilidad o cambios en la coordinación.
La valoración médica permitirá determinar si el origen es digestivo, farmacológico, metabólico o neurológico y decidir si son necesarias pruebas complementarias, como una resonancia magnética.
El tratamiento: actuar sobre la causa
No existe un único tratamiento válido para todos los casos de hipo persistente. La estrategia depende de su origen, su duración y el impacto que tenga sobre la vida cotidiana.
Cuando el hipo está relacionado con una lesión neurológica, el equipo médico valorará si existe actividad inflamatoria u otra causa que requiera tratamiento específico. En determinados casos pueden utilizarse medicamentos para controlar el propio reflejo, como baclofeno o gabapentina, siempre bajo prescripción y supervisión médica.
También es importante revisar la medicación habitual. Algunos fármacos pueden desencadenar hipo y, en pacientes con esclerosis múltiple, se han descrito episodios asociados temporalmente a la administración de corticoides a dosis altas, utilizados en ocasiones para tratar los brotes. Esta relación no significa que los corticoides provoquen hipo en todos los pacientes ni que deban suspenderse por este motivo.
Si el hipo impide dormir, comer o beber con normalidad, no conviene limitarse a recurrir a remedios caseros. La persistencia del síntoma requiere investigar su causa y tratarla de forma individualizada.
Una distinción importante: esclerosis múltiple y neuromielitis óptica
Hay otro aspecto que merece especial atención. Aunque el hipo persistente puede aparecer en la esclerosis múltiple, su asociación con otra enfermedad inflamatoria del sistema nervioso, denominada trastorno del espectro de la neuromielitis óptica, está particularmente reconocida.
Esta enfermedad puede afectar al área postrema, una pequeña región del bulbo raquídeo implicada en los mecanismos del vómito y relacionada con el control del hipo. La combinación de hipo persistente, náuseas y vómitos inexplicables puede constituir un síndrome denominado síndrome del área postrema.
Por ello, cuando estos síntomas se prolongan, los médicos deben considerar diferentes enfermedades desmielinizantes y no atribuirlos automáticamente a la esclerosis múltiple. La distinción es relevante porque ambas enfermedades tienen características y tratamientos diferentes.
¿Qué debe hacer una persona con esclerosis múltiple si tiene hipo persistente?
La recomendación principal es consultar con un profesional sanitario si el hipo dura más de 48 horas, reaparece de manera inexplicable o interfiere con las actividades cotidianas.
Si además aparece dificultad para respirar o tragar, debilidad nueva, alteraciones importantes del equilibrio u otros síntomas neurológicos repentinos, es necesaria una valoración urgente.
Mientras tanto, puede resultar útil anotar cuándo comienza el hipo, cuánto dura, qué medicamentos se han tomado recientemente y si se acompaña de otros síntomas. Esta información puede ayudar al médico a orientar el diagnóstico.
No hay que alarmarse ante un episodio aislado, pero tampoco conviene ignorar un hipo persistente. En una persona con esclerosis múltiple, su duración, sus características y los síntomas que lo acompañan son mucho más importantes que el simple hecho de que aparezca.
Conclusión: escuchar las señales del cuerpo
El hipo es, en la mayoría de las ocasiones, un reflejo benigno y pasajero. Sin embargo, cuando persiste, puede convertirse en una señal que merece ser investigada, especialmente si existen antecedentes de una enfermedad neurológica.
La relación entre el hipo y la esclerosis múltiple ilustra cómo una alteración aparentemente menor puede, en determinadas circunstancias, reflejar cambios en estructuras nerviosas encargadas de funciones esenciales. Aunque esta manifestación es poco frecuente y no permite establecer por sí sola un diagnóstico, reconocerla puede facilitar una evaluación médica más temprana.
La clave está en encontrar el equilibrio entre la tranquilidad y la prudencia: no interpretar cada hipo como un síntoma de la enfermedad, pero sí prestar atención a aquello que se prolonga, se repite o aparece acompañado de otras señales de alarma.
En neurología, como en tantos otros ámbitos de la medicina, la importancia de un síntoma no siempre depende de lo llamativo que resulte, sino de lo que puede estar revelando sobre el funcionamiento del organismo.
Fuentes:
- de Seze J. y colaboradores. Pathologic
laughing and intractable hiccups can occur early in multiple sclerosis.
Neurology, 2006. Consultar el
artículo en PubMed.
- Paroxysmal Symptoms in Multiple
Sclerosis—A Review of the Literature. Revisión sobre síntomas paroxísticos de la
esclerosis múltiple, incluidos los episodios de hipo. Leer en PubMed
Central.
- Eliaçık S. Intractable
hiccups as a brainstem red flag: demyelinating disorders with emphasis on
neuromyelitis optica spectrum disorder and area postrema syndrome.
Neurological Sciences, 2026. Consultar la revisión científica.








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