sábado, 3 de octubre de 2026

45: Diez pinchazos

octubre 03, 2026 0 Comments

 Y tras el disgusto de la cita sin cita a los pocos días llamaron a EM para acudiéramos al hospital. Volando que fuimos. Mira que a EM le gustan poco las agujas, pero me sorprendió como aguantó los diez pinchazos que le dieron en distintos músculos de las piernas. Y no solo que la pincharan si no que el médico "hurgaba" con la larga aguja para encontrar el mejor punto para pinchar. ¿Cómo lo sabia? Por el sonido básicamente. La aguja llevaba un electrodo conectado a un aparato. Para pincharla estaba utilizando la electromiografía. 


Pero vamos que EM aguantó como una jabata. Lo que son las cosas "Estaba deseando que me pincharan". Quién me iba a decir a mi que algún día iban a salir esas palabras de su boca.

A pesar de todo el procedimiento no fue muy largo. Se notaba que el doctor sabía lo que hacía. Nos comentó que el efecto era como una curva o campana de Gauss. Así que en tres meses, en teoría (que cada persona es un mundo), es cuando los efectos serían más visibles y se encontraría mejor. EM deberá tomar nota como evoluciona las espasticidad en este tiempo y cómo le afecta a las piernas. Para que de esta forma, cuando volvamos a consulta en seis meses, vea más claramente cuales son los músculos a los que hay que atacar. Así que... iremos informando.


Esperamos que poco a poco las cosas vayan mejor y pueda ir recuperando todo aquello que la espasticidad le ha quitado en estos largos meses.

sábado, 26 de septiembre de 2026

Capítulo 7: Ya vienen

septiembre 26, 2026 0 Comments
    Emma intentaba abrir los ojos a toda costa, pero las pestañas debían haberse convertido en piedra porque por más que forzaba los párpados no conseguía despegarlos. Y ya no vamos a mencionar el resto de su cuerpo… Algo no iba bien. Eso estaba claro. No oía nada salvo su pesada respiración. Olía a polvo y a humedad. ¿Dónde narices estaba? Tenía que despertar y saber qué había pasado. Porque lo único que recordaba era que Peluso la mordió y luego todo fue oscuridad. La misma a la que regresó después de unos pocos segundos.

    Quizá fueron solo unos minutos, o quizá horas. Pero al intentar volver a abrir los ojos las pestañas no le pesaron tanto. No sin esfuerzo consiguió medio abrir el ojo izquierdo. Y se encontró que allí había muy poca luz. Donde fuera ese “allí”, porque no tenía ni idea de dónde se encontraba. Le dolía la cabeza. Le dolía la mano. «Ah sí. El puñetero ratón me mordió... ¡Joder! ¡Me mordió!»

    Mientras movía levemente la cabeza de una lado a otro, intentando abrirse paso entre las tinieblas se preguntó por qué Peluso había hecho eso. Seguro que había una razón. Alguna más allá de que tuviera la rabia o algo así. Por fin consiguió despegar los párpados y una imagen borrosa comenzó a tomar forma una vez despegó ambos párpados. Era él. Estaba justo encima de ella. Tenía la cabeza enorme. ¿Cómo podía tenerla tan grande? En ese momento fue consciente de que estaba tirada en el suelo y el ratón la miraba desde arriba.

    —Ya estás despierta.

    —Eso parece. Me duele mucho la cabeza —farfulló mientras se la sujetaba con ambas manos y cerraba nuevamente los ojos. Sabía que corría el riesgo de no poder volver a abrirlos, pero el martilleo en su cabeza era tremendo.

    —He visto cosas —dijo Peluso como si la conversación que mantuvieron antes de que la mordiera no hubiese terminado y el dolor de cabeza de Emma no fuese importante.

    —Eso fue lo que me dijiste antes de morderme. ¿Por qué lo hiciste? —dijo extrañamente calmada frotándose las sienes con las yemas de los dedos. Respiró profundamente aún sin abrir los ojos. Todo aquello tenía que tener algún sentido; aunque oliera a polvo, el aire estuviera viciado y se le estuviera clavando algo en la espalda. Estaba tirada en el suelo. Mierda. Se había caído de la silla ¿Cómo se iba a levantar ahora?

    —Lo que he visto ha sido el futuro. Y otras cosas… —La voz de Peluso sonó temerosa.

    —¿El futuro? ¿Te estás riendo de mí? —Se acabó la calma. Emma abrió los ojos de golpe, se apoyó en los codos y se incorporó sobre ellos—. ¡Oh mi cabeza! Qué dolor... —se contrajo con una mueca mientras una descarga le atravesaba el cráneo haciéndola ver estrellitas brillantes por todas partes.

    —Puede ser normal. El cambio ha sido muy rápido y en cierto modo es algo traumático. Algo parecido a las metamorfosis de algunos insectos. Aunque sigues siendo la misma —afirmó Peluso sin saber realmente cómo era capaz de hacer esa afirmación. Esa era una de las cosas que sabía sin saber por qué.

    —¿El cambio? — Esa palabra no le gustó. ¿Qué era lo que había cambiado? El rostro del ratón se abrió paso entre el chisporroteo se iba disipando. Era gigantesco. Enorme. Tan grande como ella.

    —¡Te has hecho gigante! —le dijo sorprendida. Peluso negó la cabeza como respuesta. Emma miró a su alrededor. Se encontraban en una pequeña sala llena de cascotes. Las paredes eran de ladrillo. Unos ladrillos enormes. El ratón era tan grande como ella o es que ella…

    —Has encogido. —Peluso parecía haber cogido el hilo de sus pensamientos—. Te hiciste pequeñita cuando te mordí. No sabía que iba a ocurrir eso. O bueno, quizá sí… Te he traído a mi madriguera. De momento estaremos a salvo aquí. Pero no nos podemos quedar mucho tiempo. Nos encontrarán si no nos vamos.

    —¿Pero de qué estás hablando? Esto no tiene sentido. No puede ser. —Miró a su alrededor—. Necesito mi silla… quiero volver a casa.

    De repente Emma guardó silencio. Se miró a sí misma boquiabierta. Estaba sentada en el suelo con las piernas recogidas. ¿Desde cuándo se podía incorporar ella sola y mantener el equilibrio? «Tengo que estar soñando».

Peluso le ofreció su pata, que ahora era como su mano de grande, con la intención de ayudarla a ponerse de pie.

—Sabes que no puedo —dijo con lágrimas en los ojos viendo lo que pretendía.

—Te aseguro que sí puedes.

    Emma negó con la cabeza. Seguro que tenía fiebre por la mordedura y deliraba. Pero esperanzada cogió la “mano” que le ofrecía el ratón y comprobó que su tacto era muy real: suave, firme y un poco fría. Peluso tiró de ella y con su ayuda se puso en pie.

    ¡No podía creérselo, no solo su tamaño se había reducido al de un ratón sino que también con el cambio se había curado! Sus ojos ahora sí que estaban abiertos como platos y completamente alerta. El dolor de cabeza estaba ahí, pero ya no era importante. Ahora solo quería dar un paso y luego otro. Miró a Peluso y sonrió. Y le pareció que él también lo hacía. Ya se imaginaba volviendo a casa para entrar por la puerta andando y sorprender a su hijo y a su marido. Todo volvería a ser como antes, aunque fuese así de pequeñita.
    Se soltó de la mano-pata de Peluso. Levantó un pie del suelo y lo adelantó para dar su primer paso. Y lo que hizo fue caer de bruces contra el suelo. Las piernas le fallaron como siempre lo habían hecho desde que le diagnosticaron la enfermedad.

    —Ah, pues no... No puedes andar. No sé, pensé que sí podrías. Lo siento —se disculpó el ratón mientras perdía parte de su pelaje por los temblores que le entraron.

    Sí. Seguía siendo el mismo ratón nervisos e inseguro. Solo que ahora había cosas que sabía sin saber por qué y también había cosas no entendía en absoluto de sus visiones. Quizá se había venido arriba con ese nuevo “poder” y creyó que además de hacerse pequeñita podría andar.

    Emma lloraba en el suelo. La esperanza se había desvanecido de la misma manera que llegó. A su alrededor flotaba el suave pelaje de ratón. Peluso se había agachado para consolarla. Pero se detuvo al comprobar que el sollozo se transformaba en carcajada.

    —No es un sueño —reía histérica—. ¡Es una pesadilla! ¿Quién eres? ¿Jesucristo Super Ratón? ¿“Levántate y anda”?

    —Lo siento. —Peluso estaba realmente afectado. Ya casi había perdido todo su pelaje—. Ahora iré a buscar tu silla. También se ha encogido. Ahora entiendo por qué. Pero es que tardó más. La dejé fuera pensando que no la necesitarías.

    —¡Tú pensaste! Tú pensante… Eres un mierda —dijo Emma volviendo a incorporarse en el suelo. Aunque esta vez con mayor dificultad—. ¿Por qué me haces esto?

    El ratón se encogió de hombros.

    —No lo sé. Veo cosas. Y sé que tenemos que huir. No solo me buscan a mí.

    —Quiero irme a casa. Quiero despertar.

    —Ni tú ni yo podemos volver a casa. Por lo menos ahora.

    Peluso fue hasta un rincón se su madriguera. Rebuscó entre un montón de cachivaches y cogió algo entre sus dedos. Al acercarse a la pared de ladrillo que había frente a Emma ella pudo ver lo que era. Una tiza. El ratón pintó un arco en ella y un punto dentro del arco, hacia la derecha. Era como si hubiese pintado una infantil puerta del ratoncito Pérez. Solo que al escribir unas extrañas letras a su alrededor la puerta emitió un resplandor azul y se volvió muy real. Peluso la abrió como si tal cosa.

    —Nos tenemos que ir.

    Emma miraba al otro lado de la puerta. Aquel escenario que veía era imposible que estuviera al otro lado de la pared de su casa. Pero en cierto modo en aquel momento ya nada podía sorprenderla.

    —¿Y mi silla?

    —Ostras es verdad —dijo Peluso mientras cerraba la puerta de nuevo—. No te muevas. Ahora vengo.

    —No te preocupes. No voy a ir muy lejos a rastras.

jueves, 24 de septiembre de 2026

44: Sin cita pero con cita

septiembre 24, 2026 0 Comments

 Ayer fuimos al hospital todo convencidos de que teníamos nuestra cita para que le pincharan a EM la toxina botulínica. Sí, esa de la que llevamos hablando desde hace muchos meses y estamos esperando como agua de mayo porque la medicación que le están dando no le funciona y la espasticidad cada día va a peor.


El caso es que llegamos al hospital a nuestra cita y nos dicen que no estamos citados. ¿Ein? ¿Cómo? ¿Qué mierda no están contando? Pues eso, la cita a la que acudíamos parecía ser una consulta general. Sinceramente pensamos que ha sido un error humano. Y nuestro especialista se le vio el plumero. Se había equivocado al solicitar la cita para la toxina. Así que empezaron las excusitas, que si esto, que si lo otro, que si mucho retraso... Es frustrante. Sí que hay demora con las citas en general, pero en nuestro hospital siempre han sido eficientes y correctos. Y más con los tratamientos para la esclerosis múltiple.

Así que una vez más nos toca seguir esperando. Pero esta vez perseguiremos y presionaremos al servicio de neurología de nuestro hospital para que se la den cuanto antes. EM no puede seguir así. Está agotada física y emocionalmente.


Y como el famoso Sirdalud se ha dejado de comercializar por los laboratorios y tampoco hay genéricos disponibles de su principio activo (tizadinina) pues le han vuelto a cambiar a EM la medicación. Ahora diazepam. Nos vamos yendo a lo más genérico...

domingo, 20 de septiembre de 2026

Capítulo 6: ¿Dónde estás mamá?

septiembre 20, 2026 0 Comments
Cuando Samurái y su padre llegaron a casa se asustaron. Emma no estaba. Ella no podía haber salido sola, así que alguien tenía que haber venido a buscarla. Mientras Samurái recorría la casa esperando encontrar a su madre escondida en algún sitio o peor aún, tirada en el suelo del baño con un golpe en la cabeza (su madre tenía un verdadero trauma con eso de caerse en el baño, que ya le pasó una vez) oyó la melodía de su teléfono en el salón. Su padre la estaba llamando. Se había ido sin el móvil. Eso era muy raro. Algo gordo tenía que haber pasado.

Samurái guardaba silencio mientras miraba a su padre casi sin pestañear esperando que encontrara a mamá cuanto antes. Sin embargo no recordaba haber visto a su padre nunca tan preocupado. Llamaba a unos y a otros para ver si su madre estaba con ellos. Y cada vez se ponía más nervioso al no dar con ella. Incluso apretó el botón de teleasistencia por si lo había usado y se la habían llevado al hospital. Nada. Nadie sabía nada de ella. Lo siguiente fue llamar a la policía. A partir de ese momento todo pasó muy rápido. Aparecieron por casa vecinos, los tíos, amigos de sus padres… Todos estaban muy intranquilos. Es más se veía que tenían miedo. Y Samurái también lo tenía. Su madre no podía haberse ido sola. ¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado?
La policía no tardó en llegar. Ni su padre ni nadie parecieron darse cuenta. Pero Samurái sí que se fijó. Era muy observador. No eran agentes normales con uniformes reconocibles de la policía local o nacional. Eran un hombre y una mujer. Llevaban trajes oscuros. Como en las películas. Le habían mostrado a su padre sus placas. Pero Samurái estaba seguro de que le podían haber mostrado el carnet de la biblioteca y habría asentido con la cabeza de la misma manera. Él sí que escuchó lo que dijeron. Eran agentes del R25. ¿Qué era eso? ¿Los que buscaban a personas desaparecidas? No tenía ni idea. Solo sabía que no le gustaba su aspecto y la forma de mirar que tenían a unos y a otros. A él parecían no verle. Es lo que tiene ser un niño entre adultos. Así que mientras hablaban con su padre se fue a su habitación.

Necesitaba estar solo. Estar lejos de toda aquella tensión que se había creado en su hogar. Se sentó en el suelo. La cama era demasiado cómoda para una situación así. No entendía nada. ¿Qué le había pasado a su madre? ¿Por qué se interesaban unos agentes secretos? Porque eso es lo que parecían. Sabía que era una locura. Que su imaginación siempre estaba a tope, pero ¿Qué otra cosa podía ser?

Miró a su alrededor. Su cuarto nunca había sido el más ordenado. Siempre había cosas por aquí y por allá tiradas. Pero algo le llamó la atención a los pies de la mesilla de noche. Justo debajo. Era una diminuta silla de ruedas idéntica a la de su madre. ¿De dónde había salido aquel juguete?

viernes, 11 de septiembre de 2026

El buzón de Santa

septiembre 11, 2026 0 Comments
Realmente no es que sean cosas de Samurái, pero lo parecen. Estas fotos son reales. Las he hecho esta semana en un polígono de mi ciudad. Se me pasan varias cosas por la cabeza.

  1. Han robado el buzón de las Navidades Mágicas de Torrejón de Ardoz (que son la más famosas de España) y lo han dejado ahí para hacer la gracia.
  2. Santa Claus (o Papá Noel como quieras llamarlo) en verano vive en una nave del polígono de mi cuidad porque el Polo Norte está en deshielo por el cambio climático y allí tiene que hacer obras por las goteras.
  3. Puede que se haya trasladado definitivamente a vivir al polígono porque logísticamente le es más rentable.
  4. Mamá Noel le ha echado de casa. Sus razones tendrá.
  5. Ser poligonero mola.



martes, 8 de septiembre de 2026

Menstruación en la esclerosis múltiple

septiembre 08, 2026 0 Comments
Se necesita mayor investigación para entender plenamente la relación entre la esclerosis múltiple y el ciclo menstrual, pero varios estudios confirman lo que muchas personas con la enfermedad ya saben: los síntomas suelen empeorar durante la menstruación.

En el caso de EM está muy claro. Días antes del inicio de la menstruación la fatiga y la espasticidad se disparan. Y si con la espasticidad ya lo estaba pasando mal, estos días están siendo de lo peor. Estos días sigue haciendo mucho calor, así que si le añadimos el aumento de su temperatura corporal, que es más que evidente, apaga y vámonos. Bueno, voy a dejar la parte que le toca a EM para contarlo en nuestro siguiente capítulo de nuestra historia.

Todavía no está claro cómo la menstruación hace que los síntomas de esclerosis múltiple se intensifiquen, pero probablemente exista una relación con las hormonas sexuales. La neuróloga María Houtchens, especialista en esclerosis múltiple, ha comparado la relación de las hormonas en la menstruación con la de las hormonas en el embarazo. Durante este, el incremento de estrógeno está vinculado a la mejoría de los síntomas de la esclerosis múltiple, mientras que una disminución de estrógeno durante el periodo posterior al parto está vinculada al empeoramiento de los síntomas y mayor riesgo de recaída. En ambos casos, la baja de estrógeno es lo que produce exacerbaciones.

 Se conoce la función del estrógeno y la progesterona en la reproducción, pero también afectan el sistema cardiovascular, nervioso y muscular, señaló la doctora Kristin Johnson, cuyo trabajo está financiado por la Beca Posdoctoral de Especialización en Rehabilitación con Mentor de la Sociedad Nacional de Esclerosis Múltiple.

 En su estudio en curso, el equipo de Johnson explora los cambios en el cerebro y la movilidad durante el ciclo menstrual. Observa los cambios en la comunicación dentro de la región cerebral que controla el movimiento (corteza motora). Además, evalúa la fatiga muscular, el desempeño al caminar y el equilibrio en mujeres con esclerosis múltiple durante las diferentes fases del ciclo menstrual para determinar si estos indicadores de movilidad cambian. “A corto plazo, esta información puede ayudar a explicar los informes subjetivos de mujeres con esclerosis múltiple y validar su experiencia con la debilidad muscular y menor capacidad de hacer ejercicios durante el ciclo menstrual”, afirmó Johnson. “A largo plazo, nos ayudará a determinar si es necesario modificar las estrategias de tratamiento para maximizar la atención de salud de las mujeres con esclerosis múltiple”.

 Otro factor que contribuye a los problemas durante la menstruación podría estar vinculado con el ligero incremento en la temperatura corporal durante el periodo, según indica la investigación de Houtchens. Incluso un aumento mínimo puede hacer que los síntomas de esclerosis múltiple empeoren.

 ¿Tratamiento? Pues para el tratamiento no se han roto mucho la cabeza. Anticonceptivos para mantener el mismo nivel hormonal y eliminar la disminución de estrógeno. Analgésicos, los habituales para el tratamiento de la esclerosis múltiple y cambiar estilo de vida (alimentación, ejercicio...) y ya.





sábado, 5 de septiembre de 2026

Chad Powers

septiembre 05, 2026 0 Comments
 EM y yo vemos muchas series. Sobre todo EM. Algunas buenas, otras malas y para gustos los colores. No sé cómo descubrimos en Disney+ "Chad Powers". Seguramente porque últimamente se están emitiendo muchas comedias deportivas en distintas cadenas y todas las que hemos visto nos ha parecido muy acertadas. En general nos gustan las comedias. La vida ya está llena de dramas, aunque es cierto que esta serie también tiene sus momentos.

Nuestras valoraciones (sillas de ruedas en lugar de estrellas por marcar la diferencia) son subjetivas. Y esta vez no le damos 5 sillas porque temporadas de 6 capítulos nos saben a poco. Queremos más. Hemos empezado a ver la segunda temporada y nos parece que consigue mantener el nivel de la primera. 


Sinopsis

La serie sigue a Russ Holiday tras caer en desgracia en el campo mientras jugaba como quarterback estrella en un importante programa universitario. Tras arruinar su reputación, Holiday se somete a una transformación física, con la ayuda de prótesis y una peluca, para ocultar su identidad y unirse al equipo de fútbol americano en crisis de una pequeña universidad bajo el nombre de Chad Powers.

Reparto

Glen Powell como Russ Holliday, un exquarterback de fútbol americano universitario, arrogante y narcisista, cuya carrera se vio truncada tras quedar en evidencia en un partido por el campeonato. Se disfraza de Chad Powers para empezar de cero como jugador sin beca en un equipo universitario. Perry Mattfeld como Ricky Hudson, la entrenadora asistente ofensivo de South Georgia Catfish y la hija de Jake.
Quentin Plair como el entrenador Byrd.
Wynn Everett como Tricia Yeager, la presidenta del fideicomiso de refuerzo. Frankie Rodríguez como Danny Cruz, la mascota del equipo que ayuda a Russ con su disfraz.
Steve Zahn como Jake Hudson, el entrenador en jefe de los South Georgia Catfish.
Sobre la serie

Chad Powers es una serie de televisión de comedia deportiva estadounidense creada por Glen Powell y Michael Waldrom, protagonizada por Powell como el personaje titular. 

Chad Powers tiene una base real bastante curiosa y que está inspirada directamente en un sketch viral de ESPN+ para el programa Eli's Places. En dicho segmento, el dos veces campeón de la Super Bowl, Eli Manning, se disfrazó con prótesis y maquillaje para infiltrarse en unas pruebas reales de la Universidad de Penn State bajo el pseudónimo de "Chad Powers", sorprendiendo a los entrenadores con su increíble talento. Y ahora los hermanos Manning actúan como productores de esta serie.


jueves, 3 de septiembre de 2026

43: Comienzo de nuevo curso

septiembre 03, 2026 0 Comments

 Mucha gente considera el cambio de "año" el comienzo del nuevo curso. Y la verdad que en cierta manera es así. La nochevieja y demás es solo una celebración y otra fecha en el calendario, pero los cambios de verdad llegan en septiembre.


 Samurái comienza su primer año de la ESO en el instituto. Todo es nuevo: horarios, compañeros, profesores... Mañana tiene la presentación, pero el lunes ya estará a jornada completa. Y le tocará madrugar mucho más ya que entra una hora antes. Menos mal que lo que queda de este mes aún no comienzan los entrenamientos en el club de natación. Así que su alterego Aquasam no aparecerá hasta octubre. Le esperan unas jornadas maratonianas. Esperamos que sea capaz de organizarse bien a la hora de compaginar estudios, entrenamientos y competiciones.


 EM y yo también nos tenemos que adaptar ya. Porque al fin y al cabo todos comenzamos curso nuevo y las horarios veraniegos quedan atrás desde mañana mismo. Este mes EM por fin tiene la cita para el la inyección de Botox en las piernas. Hablando claro: Ha pasado un verano de mierda con las espasticidad. Así que hemos puesto muchas esperanzas (quizá demasiadas) en que esto se lo solucione. Aunque más que solucionar la palabra sería correcta sería que por lo menos le pueda permitir retomar todo aquello que ya habíamos empezado, en especial la rehabilitación acuática.


 Y como comentaba el otro día aquí también habrá cambios. Adiós a nuestras imágenes generadas con IA. Este curso queremos ser más naturales. Más nosotros mismos. ¿Cómo? Pues hoy con el dibujo que me hizo Samurái cuando era pequeño. En aquella época yo no tenía barba así que se la he añadido. Para dibujar a EM he intentado mantener el estilo de nuestro hijo de aquella época. Ella dice que le sigue gustando más su muñequita hecha con IA. Sí, es cierto, es más mona pero no quiero que la IA conquiste el mundo del arte. Se me ocurre que a lo mejor algún artista real ve esto y quiere colaborar con nosotros. Yo que sé. Sobre la marcha.


domingo, 30 de agosto de 2026

Expositor Funkos Stranger Things

agosto 30, 2026 0 Comments
¿Os acordáis que me faltaba Hopper para terminar mi colección de Funkos de Stranger Things? Pues gracias a nuestro amigo y vecino Juanjo ya la tengo completa. Y por supuesto tenía que hacerle un expositor para lucirlos en mi salón. 

¿Cómo lo hice? Pues os lo cuento, aunque no hice ninguna foto de mi proceso (lo siento no volverá a ocurrir). El caso es que es muy sencillo. El cuadro expositor de Stranger Things hecho con el marco SANNAHED de 25x25 cm (preferiblemente en negro para encajar con el tono misterioso de la serie aunque, para mi gusto y mi plan, quedaba mejor en blanco).

 Para sostener las figuras, se puede usa el propio cartón extruido grueso que viene dentro del marco de IKEA. Lo separas y te salen cuatro baldas. La gente suele usar una o dos, dependiendo el diseño. Yo utilicé una solo como podéis ver. Para sujetarla dejé dos junto a los marcos y la otra para las figuritas luego lo fijé con silicona. Todo lo fui pegando con silicona. Hasta las figuritas. Que por cierto, algunas las separé (como la de los sujeta móviles o las de Steve y Robin) para que se vieran mejor y entraran sin problemas en el expositor.

Una vez tuve todo colocado y pegado preparé el fondo. Lo busqué en Internet e hice un fotomontaje a mi gusto. No tengo impresora en color, así que lo hice en blanco y negro y con unos rotuladores pinté las luces y le di un poco de color al Azotamentes. Y este es el resultado. No soy una experta, pero ¿Qué os parece?

Haciendo cada día mi salón más friki

jueves, 27 de agosto de 2026

Contradicciones

agosto 27, 2026 0 Comments
 Creo que es bastante evidente que nosotros usamos la IA aquí y en nuestra cuenta de Instagram para generar las imágenes que acompañan a nuestras publicaciones. Que se ve a la legua que los alter egos creados con la inteligencia artificial para mantener nuestra privacidad está inspirados en nosotros mismos y el estilo de las animaciones y dibujos de Pixar. Sin embargo desde un principio siempre me ha parecido, desde mi punto de vista, que estoy robando derechos de autor para mi beneficio (aunque con ello no gano nada). He estado investigando un poco y es algo más complejo que el simple hecho de imitar o copiar arte.

 Resulta que el estilo visual de una obra no está protegido de forma directa por los derechos de autor, ni en España ni en la Unión Europea. Sin embargo, cuando un conjunto de rasgos estéticos es tan identificable que actúa como una "firma visual", puede gozar de protecciones indirectas. "Aunque no esté registrado como marca, la ley protege esa identidad para evitar que otras empresas se aprovechen de su fama y confundan al público", explica Begoña González Otero, profesora colaboradora de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC.

Aun así no termino de sentirme cómodo haciendo lo que hago. Cada vez que publico alguna imagen siento que estoy haciendo algo mal. Éticamente no me parece correcto. Sí. Soy un marido que usa la IA y al mismo tiempo está en contra de ella. Contradicciones en las que vive uno.

No voy a entrar en temas legales ya que hoy día el uso de la IA sigue estando muy desregularizado, pero podéis leer un artículo muy interesante sobre esto de Marga Zambrana aquí. Y aunque ella trata también en ese artículo otros aspectos, como la banalización del arte y de la pérdida de la autoestima creativa de los artistas, sí que voy a dar mi actual perspectiva sobre ese punto. 

Digamos que soy un escritor. Que escribir una novela requiere mucho tiempo, trabajo y dedicación. Y no me apetece ver cómo una IA se inspira en mis escritos y en los de otros cientos de escritores para que llegue cualquiera y le diga "Escríbeme una novela de trescientas páginas con dragones que monten en moto y tengan aventuras en la ruta 66" y que en cinco minutos te la haya escrito.

No me gusta ni me apetece, como le ocurrirá al dibujante, al fotógrafo, al pintor, al músico y a otros tantos artistas.

La inteligencia artificial, en su forma actual, está en gran medida desregulada y sin restricciones. Las empresas e instituciones tienen libertad para desarrollar los algoritmos que maximicen sus beneficios, su interacción y su impacto. No digo que la IA no tenga cosas buenas, que las tiene, porque se ha demostrado que tiene aplicaciones muy interesantes en investigación, ciencia y otras áreas. Pero en lo que respecta a la creación artística digo NO. Porque la verdad es que amenaza la originalidad y la creatividad, porque no respeta los derechos de autor y porque reemplaza el duro trabajo de los artistas. Además últimamente me estoy encontrando tantas cosas generadas con IA en redes sociales que se utilizan para engañar, robar datos, timar, crear bulos y hay noticias falsas y  tantas otras cosas que están surgiendo en redes que me irritan tanto y la gente se las cree. Parece que nos estamos volviendo tontos.

Puedo entender la IA como una herramienta que ayude, no que reemplace. Hagamos buen uso de la IA por favor. Y espero poder hacerlo de aquí en adelante. 

Y aquí estoy yo, contradiciéndome usando, espero que por última vez, una de estas imágenes. Ahora es cuando me planteo el cambiar el estilo visual de esta cuenta con permiso de EM. Con lo que le gusta a ella su muñequita. Sí. Estoy en pleno dilema existencial y ético. Ser o no ser. Pero tenemos que ser originales y tener nuestra propia identidad. Aún no sé cómo lo haré, pero comencemos el curso con buen pie.



sábado, 15 de agosto de 2026

Capítulo 5: Visiones

agosto 15, 2026 0 Comments

 Emma a veces dudaba si lo que había ocurrido era real, fruto de su imaginación o de los efectos secundarios de la medicación que tomaba. Pero en cuanto llegó su marido aquella tarde, este le sacó de dudas.


—No puede ser que la lana que usas suelte tanta pelusa. ¿Has visto cómo está el suelo? ¿Y este montón cómo ha llegado hasta aquí? —Miraba el suelo indignado sin percatarse de que aquellas pelusas dejaban un rastro que se dirigía hacia las habitaciones atravesando el pasillo. Al marido de Emma le gustaba la limpieza y el orden. Y aunque parezca que estaba obsesionado con ello no era un maniático. Él solo quería que cuando llevase a Emma de un sitio a otro por la casa con la silla, sus pies, que iban arrastrando por el suelo, no fuesen recogiendo todo lo que pillase por el camino. Y aquellas pelusas le volvían loco.

—Bueno ¿Y qué hago? Solo tejo por estar entretenida.

—Lo siento. No digo que sea culpa tuya. Lo único que digo es que deberíamos dejar de comprar los hilos y las lanas en el bazar. Se deshilachan. Deberíamos comprar de las buenas.

Finalmente no compraron ni de unas ni de las otras. Emma sí que seguía tejiendo, pero no tanto como antes. Ahora, las pocas veces que se quedaba sola en casa, se pasaba el tiempo hablando con Peluso. Al principio había sido un poco raro. Esperar a que apareciera de nuevo y convencerse de que no estaba loca. En sus primeros encuentros el ratón le había dicho que no todos los humanos eran capaces de entender o recordar “el común”, lo que venía siendo el idioma universal de todas las cosas y todos los seres.

—Hace miles de años todos los seres eran capaces de comunicarse y comprenderse entre sí. Algunos hablando como nosotros y otros, como los árboles, transmitiendo sensaciones. Todo eso fue hace mucho tiempo, cuando el mundo vivía en armonía. Pero los humanos…bueno, ya sabes cómo sois los humanos. Os creéis mejores. Os creéis los amos. Sois egoístas. Y así están las cosas ahora. Sé que no todos sois así. Lo sé. Si no, no estaría hablando contigo. Pero sí la gran mayoría. Cada vez más.

—Lo siento. —Emma se disculpó como si ella lo hubiera planeado todo. Lo de ser los amos, egoístas, dominar el mundo y eso.

—No es culpa tuya.

—Pero te llamé bicho y te tiré una aguja.

—Ya. Y también dijiste que le ibas a decir a tu marido que me aplastase. Pero no lo has hecho.

—Eso es verdad. Pero también era la primera vez que hablaba con un ratón. Es una novedad en mi triste vida.

A Peluso no le gustaba oír a la mujer decir esas cosas. A veces no podía evitar dejar salir es lado triste y derrotista. Se veía que realmente lo estaba pasando mal. Su vida se había puesto patas arriba.

—Conmigo hacían experimentos en una laboratorio. Por eso suelto pelusa. —Y lo cierto era que ya no soltaba tanta pelusa. Ahora estaba más tranquilo en la casa. Además él mismo recogía la que soltaba para no dejar más pruebas de su presencia.

—Vale tu ganas. Te torturaban en el laboratorio. Pero ahora eres libre, puedes ir donde quieres y yo estoy aquí atrapada y no volveré a andar.

—Entonces ganas tú. Así que alégrate.

—Ah, claro. ¿Estás triste? Pues no estés triste.

Ambos guardaron silencio. Pero no apartaron la vista uno del otro.

    La relación que habían establecido Emma y Peluso era realmente curiosa. Rápidamente habían conectado. Extrañamente ambos se sentían cómodos y seguros juntos. Y no se compadecían el uno del otro porque sabían que los dos estaban jodidos. Emma le había contado lo de su enfermedad. Le explicó lo que era la esclerosis múltiple y que hacía poco más de dos años ella caminaba como cualquier otro. Peluso a su vez le relató cómo había acabado en un extraño laboratorio en unas instalaciones gubernamentales bajo tierra.

—¿Cómo sabes que eran gubernamentales? —le había preguntado escéptica.

—Por los soldados. Por las conversaciones. Para ellos yo solo era un ratón. Pero oía y veía todo lo que pasaba a mi alrededor.

A Peluso no le gustaba nada recordar aquellos días. Además había empezado a sospechar que había algo en ellos o en su recuerdo que provocaba la aparición de aquellos extraños trances.

—Pero pudiste escapar —insistió Emma—. Puedes volver a casa. Soltar pelo y después recuperarlo no es tan grave.

—No solo suelto pelo. A veces me pasan cosas. Debe ser algún tipo de efecto secundario.

    Emma no tardó en descubrirlo. Y a pesar de que Peluso le había explicado lo que le ocurría, presenciar uno de sus ataques le impactó. Un día allí, mientras hablaban tranquilamente sentados los dos, pudo ver cómo el ratón ponía los ojos en blanco y se caía del reposabrazos al suelo. Fue todo tan rápido que no pudo reaccionar a tiempo para cogerle entre sus manos. Así que impotente tuvo que asistir como espectadora a un extraño ataque que le hizo convulsionar hasta perder todo el pelo. Fueron solo unos segundos, pero a ella se le hizo eterno. Fue doloroso verle así y no poder hacer nada. Al poco Peluso despertó. Vulnerable. Poco más que pellejo y huesos.

—¿Estás bien?

—He visto algo.

—¿El qué?

—Aparecías tú.

Emma aquella respuesta no se la esperaba. Peluso le había contado que en esos trances veía escenas del pasado, vívidos recuerdos quizás. Que a veces veía cosas que no podía explicar. ¿Podría haber visto algo de su pasado aunque él no lo conociera?

—¿Qué has visto? ¿La visión era de cuando aún podía andar o más reciente? —preguntó ansiosa por saber si todo era un sueño del ratón o realmente tenía la capacidad de ver cosas.

—Tenemos que irnos —dijo Peluso que parecía no haberla escuchado. Aún temblaba. Se veía que estaba asustado. Puede que no hubiese salido del trance del todo.

—¿Cómo que tenemos que irnos? —Emma no entendía nada.

—Ya vienen. He visto cosas. Lo siento.

A Emma no le dio tiempo a reaccionar. Porque todo aquello se lo dijo mientras subía a toda prisa a su silla de ruedas y le clavaba sus pequeños dientes en la mano.

jueves, 13 de agosto de 2026

42: El eclipse que no vi

agosto 13, 2026 0 Comments

 Desde hace meses no se habla de otra cosa. Y no voy a mentir, me hubiese gustado verlo. Pero desde mi casa no se podía ver el eclipse. Y mira que vivo en una de las poblaciones afortunadas en las que se podía ver completo durante unos segundos, pero es lo que tiene que haya un montón de edificios delante del tuyo.

El eclipse que no vi en el sitio que no estuve

 Podría haberme desplazado hasta uno de los puntos elevados de mi ciudad o alguno de los grandes parques, que hay muchos. Sin embargo, aunque lo parezca, no es tan fácil. Por lo menos para mi. Que os voy a contar que no sepáis ya... la espasticidad, la fatiga, el calor. Bla, bla, bla. No me voy a repetir.

Pero como decía en mi cuenta de Instagram había que dejar constancia y hablar de ello, como todo el mundo. Y sí que me hubiese gustado verlo con mi familia. Porque es uno de esos eventos que no ocurren todos lo días. Pero qué se le va a hacer. Este verano y mi cuerpo no están siendo muy colaboradores conmigo. El caso es que yo lo vi en la tele y Samurái y mi marido se fueron a verlo a uno de esos puntos elevados de los que os hablaba. Dicen que pasaron mucho calor, pero que también fue muy bonito verlo, aunque aquí solo durase unos pocos segundos.
Foto real que me mandó mi marido del sitio desde donde vieron el eclipse.

lunes, 10 de agosto de 2026

Espasticidad II

agosto 10, 2026 0 Comments

 Hace algo más de un año ya hablamos de cómo afecta la espasticidad a la esclerosis múltiple aquí. Y no hace mucho de algo más concreto como la toxina botulínica. Pero hoy vamos a retomar el tema intentando llegar un poco más allá siendo menos técnicos y más prácticos ahora que la espasticidad es lo que más le afecta a EM en su vida cotidiana. Por eso quiero recalcar que este artículo está extraído y dirigido más a los síntomas actuales que tiene EM. En las distintas fuentes a las que he acudido se puede encontrar mucha más información que la que traigo yo. Las podéis encontrar al final de la entrada.

Así que, volvamos a preguntarnos ¿Qué es la espasticidad?

La espasticidad muscular es una alteración del movimiento que provoca que ciertos músculos se contraigan de forma repentina y permanezcan rígidos, dificultando los movimientos cotidianos, el habla y la manera de caminar. Esta condición neurológica puede variar desde una leve sensación de rigidez hasta espasmos dolorosos e incontrolables que afectan gravemente la calidad de vida de quien la padece.

La espasticidad muscular es una alteración en los patrones de movimiento muscular que hace que determinados músculos se contraigan todos a la vez cuando intentas moverte, o incluso cuando estás en reposo. Los músculos afectados permanecen contraídos y se resisten a ser estirados, lo que interfiere con el movimiento normal del cuerpo.

Manifestación de la espasticidad muscular.

La espasticidad puede presentarse con diversos síntomas y características que afectan de manera diferente a cada persona. Los espasmos musculares, que son contracciones musculares involuntarias rápidas o sostenidas, representan otro síntoma frecuente. Estas contracciones pueden aparecer de forma repentina y resultar muy dolorosas para quien las sufre. La espasticidad también puede provocar el cruce involuntario de las piernas, dolor o malestar general, y posturas corporales anormales.

En casos severos y prolongados, puede desarrollarse una contractura, que es la contracción permanente del músculo y el tendón debido a una rigidez y espasmos duraderos. Las personas con espasticidad a menudo encuentran dificultades para realizar actividades cotidianas, y también sus cuidadores pueden tener problemas para ayudarles con tareas como vestirse o bañarse. Además, la condición puede interrumpir el sueño debido a espasmos dolorosos o a la rigidez muscular nocturna.

Causas de la espasticidad muscular

Diversas enfermedades y lesiones del sistema nervioso pueden dar lugar a la aparición de espasticidad. La esclerosis múltiple es una causa importante de espasticidad. Esta enfermedad daña la vaina de mielina, que es la cubierta protectora de las fibras nerviosas del cerebro y la médula espinal. Este daño dificulta la comunicación entre el cerebro y los músculos, lo que puede conducir al desarrollo de espasticidad.

¿Cómo se desarrolla la espasticidad?

La espasticidad se caracteriza por un aumento en el tono muscular que depende de la velocidad del movimiento. Esto significa que los músculos afectados muestran mayor resistencia cuanto más rápidamente se intenta moverlos o estirarlos. Esta característica, conocida como dependencia de velocidad, es uno de los rasgos distintivos de la espasticidad.

Los reflejos de estiramiento, que son respuestas automáticas del cuerpo cuando un músculo se estira, también se ven afectados. En la espasticidad, estos reflejos están exagerados o son hiperactivos, lo que contribuye al aumento del tono muscular y a la rigidez.

A nivel microscópico, el daño a las vías nerviosas interrumpe la comunicación normal entre el cerebro y los músculos. Las fibras nerviosas pueden estar dañadas, como ocurre en la esclerosis múltiple donde se destruye la vaina de mielina que recubre y protege los nervios. Esta pérdida de mielina hace que las señales nerviosas se transmitan de forma más lenta o inadecuada, alterando el control muscular preciso.

Con el tiempo, si la espasticidad no se trata adecuadamente, los cambios en el músculo pueden volverse permanentes. La contracción constante puede llevar a un acortamiento progresivo de las fibras musculares y de los tendones, resultando en contracturas.


Factores que empeoran la espasticidad

Es fundamental que los pacientes y sus cuidadores conozcan las situaciones que pueden agravar temporalmente la espasticidad, ya que evitarlas forma parte del manejo integral de la condición. El calor excesivo o el frío intenso pueden desencadenar un aumento de la rigidez muscular. Las infecciones, especialmente las del tracto urinario, son una causa frecuente de empeoramiento súbito de la espasticidad, así como el estreñimiento crónico y las hemorroides.

El estrés emocional, la ansiedad y el cansancio extremo tienden a incrementar la tensión muscular. La ropa muy ajustada puede provocar molestias y aumentar los espasmos. Las heridas en la piel, las úlceras por presión y las posturas corporales inadecuadas mantenidas durante periodos prolongados también pueden exacerbar los síntomas. Las mujeres pueden notar variaciones en su espasticidad relacionadas con el ciclo menstrual. Identificar y controlar estos factores desencadenantes puede reducir significativamente la frecuencia e intensidad de los episodios de espasticidad.

Impacto en la vida cotidiana

El impacto emocional y psicológico de vivir con espasticidad no debe subestimarse. La imprevisibilidad de los espasmos musculares, que pueden ocurrir en momentos inoportunos, genera ansiedad y puede hacer que las personas eviten situaciones sociales por temor a la vergüenza. El dolor crónico y la frustración por la pérdida de control sobre el propio cuerpo afectan al estado de ánimo y a la salud mental. Muchas personas experimentan sentimientos de ira, tristeza o desesperanza ante las limitaciones que impone la espasticidad.

El sueño y el descanso se ven frecuentemente alterados por la espasticidad. Los espasmos musculares nocturnos pueden despertar a la persona repetidamente, impidiendo un descanso reparador. La rigidez muscular dificulta encontrar una posición cómoda para dormir. La falta de sueño de calidad crea un círculo vicioso, ya que la fatiga empeora los síntomas de espasticidad durante el día, lo que a su vez puede aumentar el dolor y los espasmos nocturnos.

Las actividades sociales y de ocio sufren también un impacto considerable. Los hobbies que antes se disfrutaban pueden volverse inaccesibles o requerir adaptaciones significativas. Participar en deportes, tocar un instrumento musical, realizar manualidades o simplemente disfrutar de un paseo tranquilo pueden convertirse en actividades limitadas o imposibles. Esta pérdida de actividades placenteras puede contribuir a sentimientos de frustración, aislamiento social y, en algunos casos, depresión.


Tratamiento y prevención

El tratamiento de la espasticidad muscular se centra en mejorar la calidad de vida de las personas afectadas, facilitando sus movimientos diarios y reduciendo el dolor que produce la rigidez constante de los músculos. No existe una cura definitiva para esta condición, pero sí múltiples estrategias terapéuticas que permiten controlar los síntomas y prevenir complicaciones a largo plazo.

Cada persona con espasticidad necesita un plan de tratamiento individualizado, ya que la intensidad y localización de los síntomas varían enormemente.

Mantener la actividad física en la medida de lo posible es fundamental para prevenir el empeoramiento de los síntomas. Los ejercicios de estiramiento regular, adaptados a las capacidades individuales, ayudan a mantener la flexibilidad muscular y pueden reducir la rigidez. La fisioterapia continua proporciona técnicas específicas para manejar los síntomas y mantener la funcionalidad. Es importante recordar que cuanto menos se mueve una persona, peor puede volverse la espasticidad, por lo que mantenerse activo dentro de los límites seguros es esencial.

Aprender a identificar y evitar los desencadenantes que empeoran la espasticidad puede mejorar significativamente la calidad de vida. Las temperaturas extremas, tanto el frío intenso como el calor excesivo, pueden agravar los síntomas. El estrés emocional y la fatiga también actúan como factores desencadenantes. Las infecciones, el estreñimiento y la ropa ajustada o incómoda pueden aumentar la rigidez y los espasmos. Reconocer estos factores permite a las personas tomar medidas preventivas para minimizar las crisis de espasticidad.


A nivel farmacológico tenemos como primera línea de defensa los fármacos administrados por vía oral como el blacofeno (lioresal), la tizanidina (sirdalud) y las bezodiazapinas (diazepam).

Cuando la espasticidad afecta principalmente a grupos musculares específicos, las inyecciones de toxina botulínica (conocida comercialmente como Botox, entre otras marcas) ofrecen una alternativa muy efectiva, bloquea temporalmente la liberación de acetilcolina en la unión neuromuscular, impidiendo que el nervio estimule la contracción del músculo. El efecto comienza a notarse entre tres y siete días después de la inyección y puede durar entre tres y seis meses.

Los cannabinoides sirven para tratar la espasticidad moderada o grave en la esclerosis múltiple cuando otros medicamentos no funcionan. En España, el fármaco autorizado es Sativex, un espray bucal que reduce los calambres y los espasmos musculares.

La neuromodulación es una herramienta de apoyo en fisioterapia neurológica que ayuda a reducir la espasticidad y el tono muscular excesivo. Utiliza estímulos eléctricos para influir en el sistema nervioso, lo que facilita el movimiento, disminuye la rigidez y mejora la respuesta a la rehabilitación.

Actualmente existen muchos otros tratamientos y hay varios ensayos clínicos en proceso que mejoran mucho la espasticidad. Pero estos son los que están más cercanos al tratamiento de EM. 



domingo, 2 de agosto de 2026

La chica que amaba a Tom Gordon

agosto 02, 2026 0 Comments

 Nunca suelo leer dos libros al mismo tiempo (exceptuando si uno lo leo con Samurái a la hora de dormir). Pero en esta ocasión, aun teniendo entre manos Festín de Cuervos, me vi obligado a buscar otra lectura más ligera para poder llevarme en nuestro viaje al Campeonato de España Alevín de natación. Y es que yo no puedo pasar un día sin leer. 


 Así que buscando en nuestra biblioteca particular algún libro que no fuese muy largo y que aún no hubiese leído (sí, hay algunos cuantos que no he leído aún) me topé con La chica que amaba a Tom Gordon de Stephen King. 


 Sinopsis


Trisha McFarland es una niña de 9 años que va de excursión familiar, una ruta de senderismo, con su madre y su hermano Pete. Su madre tiene que batallar constantemente con Pete, que no acepta la situación en la que se encuentran sus padres (a punto de tomar el divorcio y entre varias cosas), por lo que discuten mucho.

Durante la excursión, ambos se encuentran enfrascados en una de sus habituales discusiones y no se dan cuenta de que Trisha abandona el camino para orinar, y de paso dejar de escuchar la pelea. Al terminar de Trisha trata de alcanzarlos intentando tomar un atajo, pero se resbala y cae por un terraplén empinado y termina perdida sin esperanza, adentrándose más en el corazón del bosque. Entre las cosas que lleva en su mochila está su Walkman que para mantener el ánimo, utilizas ya sea para enterarse de las noticias de su búsqueda o para escuchar el partido de béisbol con su jugador favorito y "rompecorazones" Tom Gordon.


Sobre la obra

El único vínculo de Trisha con la civilización es la radio. A través de ella, escucha los partidos de béisbol de los Medias Rojas de Boston con su ídolo Tom Gordon. En medio de su soledad, el jugador se convierte en su compañero imaginario y bastión mental para no rendirse. A medida que los días pasan y el cuerpo de Trisha se debilita por el hambre, la deshidratación y las picaduras de insectos, empieza a sufrir alucinaciones. Siente que una presencia maligna y monstruosa la acecha entre las sombras de los árboles, personificando el miedo absoluto a la naturaleza salvaje.

Stephen King diseña de forma brillante la estructura del libro imitando un partido de béisbol. Los capítulos están divididos cronológicamente por entradas, comenzando desde los calentamientos previos hasta la novena entrada final.

De todo lo que he leído de Stephen King, que no es poco, me parece una de sus obras más personales y singulares debido a ese enfoque minimalista y de tensión constante que explora a fondo la psicología infantil ante el desamparo absoluto.


Sobre el autor

Stephen Edwin King (Portland, Maine; 21 de septiembre de 1947) es un escritor estadounidense de novelas de terror, ficción sobrenatural, misterio, ciencia ficción y literatura fantástica. Sus libros han vendido más de 350 millones de copias​ y en su mayoría han sido adaptados al cine y a la televisión. Ha publicado más de 70 novelas (siete de ellas, bajo el seudónimo Richard Bachman) y siete libros de no ficción. Ha escrito, además, alrededor de doscientos relatos y novelas cortas, la mayoría de los cuales han sido recogidos en once colecciones.

Desdeñado por críticos y académicos literarios por ser considerado un autor «comercial»,​ su obra ha generado mayor atención desde la década de 1990, aunque algunos de estos círculos continúan rechazando sus libros.​ Es criticado regularmente por su estilo presuntamente "no literario" y por la excesiva extensión de algunas de sus novelas.​ Por el contrario, su sentido de la narración, sus personajes animados y coloridos y su capacidad para jugar con los temores de los lectores han sido blanco de elogios. Si bien en la mayoría de sus historias utiliza el recurso del terror, también aborda de manera regular temáticas como la infancia, el racismo y la guerra, brindando un retrato social muy realista de los Estados Unidos.

miércoles, 29 de julio de 2026

lunes, 27 de julio de 2026

41: Camino del exilio

julio 27, 2026 0 Comments

 No es que vayamos a salir del país obligatoriamente ni nada parecido. Pero volver a hablar de cómo está siendo nuestro verano nos devuelve a una antigua publicación llamada Path of Exile. Así que como no quería ponerle el mismo título, ni añadirle el consabido "segunda parte" o "II" porque eso sería otro juego, lo mejor que se me ha ocurrido es poner el título en castellano.


 El caso es que las cosas nunca se desarrollan como uno espera. Este año creíamos que todos los días (o casi todos) bajaríamos por las mañanas a la piscina. La idea era que EM pudiera hacer sus ejercicios en el agua y de paso socializar un poco ya que pasa muchas horas metida en casa. Pero la maldita espasticidad sigue ahí dando por saco y limitando más si cabe su movilidad. El clima, la fatiga y todos esos condicionantes de la esclerosis múltiple le están dando un verano de aúpa.


Así que una vez más buscamos alternativas para escapar, desconectar y desfogar sin salir de casa. Y eso lo hacemos en familia jugando a Path of Exile.


Hay familias que hacen senderismo, otras salen en bici, a pasear, al cine, a un museo... Seguramente penséis que podemos hacer otras cosas que no sean pegarnos a una pantalla. Pero si pensáis eso es que no habéis leído bien, ni entendido lo que es la esclerosis múltiple (y más en el caso de EM) ni cómo afecta a nuestras vidas. Todo lo contamos en este blog pero nos hemos dado cuenta que saber leer no significa entender.

Da igual. Lo importante para nosotros, cuando viajamos a Wraeclast, un continente oscuro y hostil, es que lo hacemos en familia. Luchamos contra monstruos, nos enfrentamos a retos y peligros y todo eso lo hacemos juntos. Siempre nos ayudamos y estamos ahí intentado finalizar cada misión sin que nos maten. Como en la vida real.

Porque cada día es una batalla, especialmente para EM. Nunca sabe cómo se va a levantar ni a lo que se va a enfrentar ese día. Así que si no puede bajar a la piscina, aunque parezca algo muy sencillo hacerlo, pasamos un rato en casa matando monstruos y lo que haga falta.

viernes, 24 de julio de 2026

Hopper del otro lado

julio 24, 2026 0 Comments

 Lo sé. Ya se ha pasado la fiebre de Stranger Things y la de coleccionar los Funkos de los huevos Kinder Joy. Pero los que somos frikis los somos todos los días del año a cualquier hora del día. Y yo tenía pendiente recordar al mundo que solo me falta Hopper del mundo del revés (o del otro lado como decimos en casa).

 Es verdad que tenía que haber aprovechado aquellos días en los que todo el mundo estaba como loco comiendo huevos Kinder, intercambiando, vendiendo y comprando Funkos... Pero es que una, por sus circunstancias, lleva otro ritmo. Qué se le va a hacer. Así espero que esta publicación sirva para que de alguna manera pueda completar mi colección. Me podéis regalar a Hopper (que sería todo un detallazo) o podríamos intercambiarlo por alguno de mis repetidos. O lo que sea.

El caso es que tengo pensado poner mi colección en un expositor como esos que se han visto por ahí hechos con marcos de Ikea y que quedan muy chulos. ¿Los habéis visto? Yo tengo algún marco de esos en mi dormitorio con las típicas fotos de  alcoba. Pero...¿Os imagináis lo bonito y friki que quedaría algo como esto sobre la mesita de noche o en la cómoda? Aunque aún no tengo claro lo del marco negro o blanco. Tengo los dos, pero vamos, lo probaré antes. Solo me falta Hopper...




jueves, 16 de julio de 2026

Capítulo 4: La aguja

julio 16, 2026 0 Comments

  «No me lo puedo creer. Se nos ha colado un ratón en casa», pensó Emma dejando de tejer. No estaba asustada, ni asqueada, ni siquiera alarmada por la presencia de aquel pequeño intruso. Simplemente estaba harta de su dependencia de los demás. Tenía allí delante a un raquítico ratón alzado sobre sus patas traseras, mirándola, y no podía hacer nada.

    —Vete bicho —le dijo sin mucha convicción. No le quedaban fuerzas para ahuyentarle con un grito. Estaba reclinada en el sillón relax que habían comprado hacía poco. Era uno de esos tipo “eleva personas” que la ayudaban a ponerse de pie para hacer las transferencias a la silla de ruedas. Pero claro, de poco le servía ahora estando sola en casa. Su marido, como todos los días a esas horas, había ido a recoger al niño al colegio. No tardaban mucho en volver, pero era un rato en el que su mundo se reducía a todo lo que tuviera al alcance la de mano.

  Miró a su alrededor y entre las mil cosas que tenía su alrededor ninguna le parecía lo suficientemente buena o prescindible para tirársela al ratón. Tenía un ovillo de lana y una aguja de ganchillo en el regazo. En la mesa, aparte del mando de la tele, el teléfono, unas tijeras y más agujas, lo más contundente que tenía era una botella de agua. Pero la necesitaba para tomarse las pastillas de las siete.

    —No me mires así. —Cogió una de las agujas más gruesa, que era de las que menos usaba, y se la tiró. Su puntería dejaba mucho que desear. Pasó a varios palmos de donde se encontraba el ratón. Tampoco es que tuviera la esperanza de acertarle con ella y menos aún a clavársela como en las escenas de acción en las películas, sin embargo el animalillo pegó un respingo y soltó un montón de pelusa a su alrededor.

  «La madre que lo parió. Toda esa pelusa que nos encontramos es suya —pensó Emma aliviada—. No es de mis ovillos.» Pero el alivio de saber que no era ella la causante de que el suelo siempre estuviera sucio se transformó en preocupación. «Ese ratón está enfermo. ¿Será contagioso? Lo que me faltaba… que me pegue la tiña o la peste. Y con las defensas tan bajas como las tengo… No se mueve…» Cualquier otro ratón hubiera salido corriendo, pero aquel no se movió del sitio. Parecía paralizado o hechizado. No le quitaba los ojos de encima. Si fuese humano hubiera descrito su mirada como temerosa al mismo tiempo que curiosa.

    —¿Qué quieres? La comida está en la cocina. Le diré a mi marido que te aplaste cuando venga. Aunque claro, saldrá su vena de biólogo, te cogerá y te soltará en el campo. ¿Prefieres eso?... Ya lo que me faltaba —se quejó de repente—. Estoy hablando con un ratón. Estoy perdiendo la cabeza.


  Peluso miró el lugar donde había caído aquel objeto con el que la había visto tejer todos los días. Había estado observando a toda la familia. Aquella mujer se pasaba los días tejiendo o viendo la tele. Se giró hacia ella. La escuchaba hablar, pero no sabía lo que decía en esos momentos. Le daba igual. Acababa de tomar una decisión. Avanzó despacio hacia lo que parecía una aguja con la punta torcida, la cogió entre sus patitas y se dirigió hacia la mujer. Mientras se acercaba ambos se miraban fijamente. Los ojos de ella estaban cada vez más abiertos y el suelo bajo sus patitas más lleno de pelusas. No se podría decir cuál de los dos se estaba poniendo más nervioso con aquella situación.

    —¿Qué haces? —preguntó Emma en cuanto Peluso desapareció de su campo de visión al acercarse a la base del sillón.

  Él en esos momentos solo veía las piernas de ella. Una se contrajo de repente torciéndole el pie y la otra se puso tiesa de una forma muy rara. “Joder”, la oyó decir con voz quebrada. Algo no iba bien. Así que se encaramó con rapidez al sofá y se asomó por el reposabrazos para ver qué le pasaba. Ahora la que dio en respingo fue ella y retiró la mano que tenía allí apoyada alejándola de él. Respiraba más deprisa de lo normal. Estaba asustada. Los dos lo estaban. Peluso sabía que ella no podía andar. Y si hubiera podido habría salido corriendo hace rato. Incluso podría decir que ella se sentía más vulnerable allí sentada e inmóvil a pesar de ser diez veces más grande que él. No podía ni quería hacerle daño. Era un simple y débil ratón. Pero ella parecía estar viendo algún otro tipo de animal salvaje. Así que lentamente se levantó sobre sus patitas traseras y con gesto educado le ofreció la aguja de ganchillo.

  Emma no podía creerse lo que estaba viendo «¿Será un ratón amaestrado? Sí. Tiene que ser eso. ¿Cómo si no iba a hacer algo así? Ahora tiene más sentido —pensó sabiendo que los pensamientos en su cerebro iban desbocados—. Era imposible que se hubiera colado un ratón de campo en casa. Aunque…¿no sería más extraño que se colara un ratón amaestrado? Claro que sí. Entonces ¿De dónde narices ha salido? El vecino de al lado es un tipo muy raro y pasa mucho tiempo fuera de casa. A lo mejor trabaja en un circo.»

  El ratoncillo seguía con la patita extendida ofreciéndole la aguja por el mango. Así que ella con cautela la tomó entre sus dedos.

    —Gracias —se oyó decir.
    —De nada —dijo el ratón.